El 15% de los jóvenes paraguayos del área urbana no estudia, y tampoco trabaja

La encuesta Millennials en Paraguay muestra que el 33% de los jóvenes paraguayos, de entre 15 y 24 años de edad, que residen en zonas urbanas, solo estudia o se capacita; un 25% solo trabaja; el 27% estudia y trabaja a la vez, y un 15% no estudia, ni se capacita, ni trabaja.

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La incidencia de los jóvenes “nini” (no trabajan ni estudian) es el doble entre las mujeres (20,4 %) que entre los hombres (9,8 %). Estos datos forman parte de los resultados de la investigación Capítulo Paraguay, que estuvo a cargo del Dr. Dionisio Borda, de María Ignacia Contreras y Cynthia González, en el marco del estudio “Millennials en América Latina y el Caribe: ¿trabajar o estudiar?”, lanzado recientemente.

El caso paraguayo destaca que más de la mitad de los jóvenes que dejó de estudiar lo hizo por dificultades económicas, y casi uno de cada cinco abandonó los estudios al convertirse en padre o madre. Este último factor afecta en mayor medida a mujeres (32,8%) y a jóvenes nini (29,4%).

Con respecto a las actividades que realizan los nini, el 96 % efectúa labores del hogar, 54% cuida a algún familiar o hijo, y 36% busca activamente empleo. Un 2,5% posee algún tipo de enfermedad o discapacidad que le impide estudiar o trabajar, y solo un 1,2% (2% del total de jóvenes) no realiza ninguna de estas actividades ni posee alguna discapacidad, muy lejos de los estereotipos con los que tradicionalmente se les juzga. Existen diferencias entre hombres y mujeres: mientras un mayor porcentaje de varones busca trabajo, las mujeres destinan más tiempo al cuidado de familiares y labores domésticas.

Los jóvenes reportan que la edad, la falta de experiencia y la carencia de flexibilidad de los horarios de trabajo son las principales barreras que dificultan su acceso al mercado laboral, por lo que perciben menos que el salario mínimo vigente o aceptan trabajos informales. De hecho, el 44,7 % de los que trabajan tiene una jornada menor a 30 horas semanales, solo 25% cotiza o tiene un contrato de trabajo, y apenas el 29,4% posee un salario neto por hora mayor o igual al mínimo legal, controlando por nivel educativo, edad e informalidad.

Los jóvenes que se encuentran dentro del sistema educativo (quienes solo estudian y quienes estudian y trabajan) provienen en mayor medida de familias de más altos ingresos y de padres con mayores años de escolaridad que aquellos que no estudian. Por el contrario, los nini y quienes solo trabajan reportan mayores niveles de repetición escolar y de embarazos durante la adolescencia. Aunque este estudio no analiza la dirección de la causalidad entre las decisiones de los jóvenes y sus habilidades cognitivas y socioemocionales, sí permite entender de mejor manera las características de los jóvenes con distintas trayectorias laborales y educativas. Se observa que quienes solo estudian tienen una mayor capacidad cognitiva y un mayor locus de control (la idea de que los resultados futuros dependen de sus propias acciones y no de factores externos) que quienes solo trabajan y los “nini”.

Por otro lado, los jóvenes que trabajan presentan mayores niveles de autoestima y autoeficacia, a diferencia de quienes están fuera del sistema laboral. El grupo más desfavorecido es el de los nini, quienes reportan menores niveles de habilidades cognitivas, poseen bajos niveles de satisfacción personal, de confianza en sus propias capacidades y tienden más a creer que sus resultados se deben a incidentes externos.

En esta misma línea, los jóvenes nini son quienes reportan expectativas más bajas respecto de alcanzar los estudios y el trabajo deseados. Por el contrario, quienes se encuentran dentro del sistema educativo poseen mayor confianza en el futuro en relación a quienes no están estudiando. En cuanto a las expectativas salariales, casi la mitad de los jóvenes tiene una percepción sesgada. La magnitud del sesgo es positiva para la educación universitaria y técnica superior; es decir, le asignan un valor mayor al de mercado.

Aquellos jóvenes que solo estudian son quienes en mayor proporción declaran sesgos, les siguen los nini, luego los que estudian y trabajan y, por último, quienes solo trabajan, lo que evidencia desigualdades en el acceso a la información o un efecto aprendizaje.

Las políticas públicas juegan un papel fundamental, partiendo por recalcar la importancia de la inserción de los jóvenes en el mercado laboral y en el sistema educativo para el país. Una mayor proporción de jóvenes que estudia y/o trabaja contribuiría tanto al crecimiento de la economía como a una mayor productividad, dada la adquisición de capital humano, como también a disminuir los niveles de pobreza, desigualdad, y conductas de riesgo entre los jóvenes.

Abandono por factores económicos

Considerando que la principal razón del abandono escolar se relaciona con factores económicos, se propone fortalecer los programas de acceso a financiamiento, ampliar la cobertura y los montos de las becas existentes para la educación secundaria y superior, así como mejorar las estrategias de difusión de estos programas. La evidencia muestra que las transferencias monetarias condicionadas son efectivas a la hora de disminuir los costos directos de la educación y aumentar las tasas de matrícula.

Por otro lado, los programas que se enfocan directamente en los problemas que causan la deserción, como, por ejemplo, aquellos que reducen las asimetrías de información sobre los retornos de la educación o aquellos que abordan las conductas de riesgo de los adolescentes, disminuyen las tasas de abandono del sistema escolar (BID, 2017b). En esta misma línea, se propone un trabajo institucional coordinado entre el Ministerio de Educación y el Ministerio de Salud, que promuevan mecanismos de prevención del embarazo, consumo de alcohol y uso drogas.

Los patrones culturales sobre la asignación de roles y responsabilidades también desempeñan una función clave. En el Paraguay, al igual que en los demás países de la región, las mujeres son quienes le dedican más tiempo al cuidado de los hijos y a labores domésticas. Esta parece ser una de las razones por la que el porcentaje de mujeres que está fuera de ambos sistemas sigue siendo tan alto. Por tanto, las políticas deben estar especialmente enfocadas a la creación de sistemas de apoyo para el cuidado de niños y la independencia económica de las jóvenes.

Con relación al desarrollo de habilidades cognitivas y no cognitivas, las políticas públicas deberían enfocarse tanto a su fortalecimiento durante la educación temprana como también entre jóvenes y adolescentes, en especial entre aquellos de menos recursos. Una manera de hacerlo es que las instituciones educativas trabajen el desarrollo de habilidades con los estudiantes y sus padres en conjunto, aumentando con ello su autoestima, perseverancia y autoeficacia de forma directa (BID, 2017b).

Otra manera es invertir en las capacidades de las propias instituciones educativas, es decir, trabajar con profesores y directivos, asegurando que accedan a la calidad educativa necesaria para hacer frente a los problemas de los adolescentes. En lo que respecta a las políticas laborales, se debe reforzar el sistema de intermediación laboral con el objetivo de que los jóvenes obtengan experiencia laboral que les permita acceder a mejores empleos en el futuro y, a la vez, bajar las brechas de información sobre el mercado laboral y los salarios. Junto con esto se propone una mayor coordinación entre sector público y privado para alinear la oferta programática de capacitación juvenil con la demanda de trabajos y habilidades de las empresas. Para ello, se requiere fortalecer la difusión y la cobertura de los programas de capacitación.

Las políticas públicas existentes también requieren de un esfuerzo adicional en los procesos de monitoreo y evaluación. Actualmente, no existe evidencia suficiente acerca de los efectos que las políticas instauradas tienen sobre la cantidad y calidad del empleo juvenil, ni sobre el aprendizaje, acceso y retención escolar.

En definitiva, el estudio arroja luz sobre los factores tradicionales y menos tradicionales en la literatura que influyen en las decisiones educativas y laborales de los jóvenes, y cómo las políticas públicas deben abordar las desigualdades de acceso para evitar que los jóvenes queden excluidos de la educación y marginados del mercado laboral.

Renunciar

Uno de cada cinco jóvenes, de entre 15 y 24 años, abandonó los estudios al convertirse en padre o madre. Afectó en mayor medida a mujeres (32,8%).

“Nini”

Con respecto a las actividades que realizan los “nini”, 96% efectúa labores del hogar, 54% cuida a algún familiar o hijo, y un 36% busca activamente empleo.

Barreras

Jóvenes reportan que la edad, inexperiencia y falta de flexibilidad de los horarios de trabajo son principales barreras que dificultan su acceso al mercado laboral.

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