Hablando con los niños

Este artículo tiene 13 años de antigüedad

María Inés me estaba diciendo que ella sufrió muchas privaciones en su infancia y no quería que a su hijo Marcos, de 11 años, le sucediera lo mismo; entonces, con un gran sacrificio, ella lograba que él asista al mejor colegio, tenga las mejores prendas, vaya a los mejores clubes sociales y tenga la última moda de juguetes que vea en una publicidad. Usted podrá decirme que María Inés está equivocada; sin embargo, la mayoría de los padres, con algunas excepciones, tenemos una base similar de pensamiento. Nos gustaría dar a nuestros hijos lo mejor de todo lo posible, pero no siempre podemos. Entonces, cómo podemos hablar con los niños para que comprendan que nuestros recursos son escasos, ante las múltiples necesidades que nos gustaría satisfacer?

Desde la primera infancia

El aprendizaje para la vida real implica vivencias, no solo palabras, por lo que tenemos que desarrollar una dinámica especial para nuestros hijos cuando queramos transmitir la importancia del uso del dinero y de su correcta administración. No queremos que sean materialistas, pero sí que logren ser exitosos financieramente, independiente a la profesión que elijan. Por ello hay que dimensionar el dinero como una herramienta útil para desarrollar diferentes áreas de nuestra vida en forma eficiente y sustentable.

Algunas ideas que considero podrían ser útiles en este esfuerzo por ser parte del crecimiento financiero de la nueva generación las comparto con usted, y me encantaría recibir sugerencias de otras maneras y ejemplos que podamos realizar para ir desarrollando esta Guía Financiera para Padres Responsables del Futuro de sus Hijos.

En la primera infancia, evitemos comprar cosas inútiles, poco prácticas o inservibles. Sea racional con las compras, pues muchas veces sucede que el bebé crece más rápido que lo que le permite estrenar toda la ropa que tiene. La estrechez financiera es terrible, pero no se olvide que también la abundancia no equilibrada puede hacer daño.

Un niño de entre 2 y 4 años puede acompañarnos al supermercado entendiendo el objetivo del viaje, por lo que no se olvide de tener siempre a mano y a la vista del pequeño la lista de lo que fue a comprar. No nos vamos al supermercado de paseo, sino que tenemos el objetivo de adquirir bienes que hacen falta en nuestra casa. Trate de mostrarle, actuando en consecuencia, que lo que no está en la lista no se compra.

Entre los 5 a 8 años, podemos iniciar su mundo a la administración de los escasos recursos ante las múltiples necesidades. Desde la cantina de la escuela hasta cuando salimos con ellos al shopping, existen muchas oportunidades donde él puede intentar comprar mucho con lo poco que tiene. Esta sensación de frustración es importante, pues es la misma que de adulto tenemos entre lo que queremos y lo que podemos comprar; por eso, transformarla de frustración a dominio de prioridades es fundamental.

Entre los 9 a 12 años, el niño está en condiciones de manejar dinero para un lapso de días. Por ejemplo, si hasta los 8 años usted le daba G. 5.000 por día para el recreo, ahora puede darle cada lunes G. 25.000. Obviamente, si el lunes gasta los G. 25.000, deberá sufrir las consecuencias de su imprudencia el resto de la semana. A usted le sucederá lo mismo, si en la primera semana gasta todo su salario, ¿verdad?

A los 13 años, podemos introducir el concepto del ahorro y las metas con bastante posibilidad de éxito. Por ejemplo, en lugar de entregar G. 5.000 por día para el recreo, puede entregarle G. 150.000 al mes, que sería el equivalente a G. 125.000 (G. 5.000 x 25 días hábiles) más G. 25.000 extra, indicándole que ese monto debería de poder ahorrar mensualmente, de forma que en noviembre (al término del año escolar) usted le doblará el importe que haya logrado ahorrar y que con ese monto podrá comprarse lo que prefiera por fin de año. Así, si al llegar la fecha logró ahorrar igual, más o menos que G. 225.000 (G. 25.000 x 9 meses de clase) tendrá un impacto directo en el premio a recibir y, por ende, en el logro de su meta.

Un adolescente de 15 años ya debería de poder llevar el presupuesto familiar y encargarse de los pagos básicos (luz, agua, teléfono, servicio doméstico, compra de agua, gas, etc.) y recibir un premio mensual por el trabajo bien hecho, que sería no tener demoras en los pagos, por ejemplo.

Un joven de 18 años puede llevar el presupuesto familiar, incluyendo el encargarse de las compras del supermercado, conciliación bancaria, cálculo y pagos de impuestos, pagos externos como cuotas de préstamos, seguros, colegio, etc. Incluso, estos trámites cuando implican ir a los bancos, municipalidad y otras instituciones le dan una experiencia muy valorada para cualquier empleo en el que desee iniciar su vida laboral.

En cada etapa, los chicos podrán cometer errores, perder el dinero, encontrar problemas; todo ello asúmalo como costos dentro de la capacitación financiera que serán mucho menores que lo que podrían significar en su vida adulta de no haberlos vivido. Cada problema que logre solucionar es un aprendizaje impagable que le ayuda a madurar su asertividad financiera.

Cuestión de decisión

Usualmente, a las mujeres nos sucede que siempre vemos a nuestros hijos como bebés; por ello, admitir su toma de decisiones financiera en forma independiente a nuestro control suele ser especialmente traumático. Algunas mamás me dicen que si le dan dinero, los niños compran golosinas en lugar de algo nutritivo. Mi respuesta es que le den vitaminas en la casa, pero que no pueden perder esa oportunidad de manejar dinero y entender el impacto de sus decisiones (el dinero es escaso y si compra algo no le alcanzará para lo otro), pues es fundamental comprenderlo como natural desde la infancia.

Lo complicado normalmente es visualizar que somos los adultos quienes tenemos prejuicios y paradigmas que resolver, no confiamos en que nuestros hijos serán capaces y responsables para manejar dinero (porque a la mayoría de los adultos no les resulta sencillo hacerlo); sin embargo, para los niños y jóvenes la información de lo que decimos contrastada con la realidad de la experiencia les resulta transparente y van arbitrando las situaciones y aprendiendo de cada problema resuelto.

Mucho de lo descrito recae en las decisiones que debemos tomar los padres, que no siempre estamos dispuestos a asumir las consecuencias de estas experiencias. Además, debemos tener cuidado con la coherencia entre lo que enseñamos y exigimos versus lo que nosotros hacemos, pues el ejemplo es el que pesa al momento de fijar la experiencia de vida en los hábitos.

Las palabras pueden ser muy lindas, pero si no se acompañan con nuestros hábitos y actos, serán llevadas por el viento y nuestros hijos probablemente repitan nuestros mismos errores. Sigamos hablando de dinero, así aprendemos a manejarlo mejor.

Vida. El aprendizaje para la vida real, implica vivencias por lo que tenemos que desarrollar una dinámica especial.

Etapa. En cada etapa, los chicos podrán cometer errores, perder el dinero, encontrar problemas, todo ello asúmalo como costos.

Manejo. Entre los 9 a 12 años, el niño está en condiciones de manejar dinero para un lapso de días, como por ejemplo G. 5.000 diarios.

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