La economía circular

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El modelo de la “economía circular” recibe a menudo la denominación de economía “de la cuna a la cuna” o de bucle cerrado. Sus defensores insisten en que no se debe considerar como un movimiento ecológico, sino como una forma de pensar distinta: una filosofía del diseño.

Los modelos de la economía circular o de bucle cerrado proponen los siguientes conceptos, basados en la observación de la naturaleza: Residuo = alimento: los residuos no deben existir; los componentes biológicos y técnicos (nutrientes) de un producto se deben planear de tal manera que puedan encajar en un ciclo de materiales diseñado para que todo se pueda desmontar y reconvertir. Ello implica que hay que crear materiales y productos que sirvan para alimentar otros sistemas, reutilizables hasta el infinito y no peligrosos. La diversidad es una fuerza: en un mundo incierto y en rápida evolución, debemos dar prioridad a la modularidad, la versatilidad y la adaptación. Unos sistemas diversos, con numerosas conexiones y dimensiones, son más resistentes frente a los choques externos que los sistemas construidos simplemente con vistas al rendimiento. La energía debe provenir de fuentes renovables: Al igual que en la vida, cualquier sistema debe aspirar a funcionar a la larga con “energía solar” y generar energía mediante fuentes renovables.

Un pensamiento sistémico: La capacidad de entender el modo en que las cosas se influyen entre sí dentro de un todo.