No es la primera vez que Nicolás incurre en gastos extraordinarios comprando bienes de consumo, regalos e incluso pagando cuentas de miembros de su familia materna. De todo esto, su señora no sabe nada; el problema es que luego no alcanza el dinero para lo que se precisa en su familia nuclear y él ya no encuentra explicación razonable que dar sobre lo que hace con el dinero.
Cultura
En Latinoamérica solemos asumir en familia la manutención de los miembros que no se encuentran en edad productiva o que por algún motivo no trabajan. Usualmente, acogemos en nuestras familias nucleares (matrimonio e hijos) a la familia ampliada (mamá, suegros, quizás alguna tía soltera incluso) y los gastos corren por cuenta de aquellos que pueden trabajar.
Pero también es cierto que muchas veces, aunque no se conviva con la familia extensa, es difícil cortar el cordón umbilical financiero. Esta costumbre no es privativa de los hombres; también muchas mujeres se sienten obligadas mensualmente a aportar al mantenimiento de su familia de origen.
En algunos casos, la situación financiera es bastante cómoda, y entonces esta costumbre pasa inadvertida, considerándose incluso dicha gentileza como parte razonable de las obligaciones del cuidado de los padres.
¿Pero qué sucede cuando la situación financiera es delicada? En el caso de Nicolás, incluso se excede a la simple ayuda mensual de un pequeño aporte monetario, ya que en los últimos años ha pagado una cuenta de varios meses de cuotas del colegio de su sobrino, pues cuando su hermano se quedó sin empleo fue la manera en que lo apoyó para que el niño no sufra un cambio de entorno.
Al cabo de unos meses, su hermana precisó de un crédito, y él salió de codeudor asumiendo un nuevo compromiso. Si bien su hermana honró esa cuenta, hubo un par de meses en que se atrasó en el pago, y él recibió las llamadas de reclamo. “¡Menos mal que mi señora no estaba en casa!, exclamó, mientras me comentaba la anécdota.
Casado hace siete años, la continua falta de explicación de la falta de dinero ya le costó varias discusiones con su esposa; es decir, no se trata solo de que falta dinero (lo cual parecería ya suficiente problema), sino que Nicolás no tiene explicaciones válidas, lo más delicado, y va reemplazando el razonamiento por tonos de voz elevados, como si los gritos tuvieran el poder de ahuyentar las preguntas de su señora; todo lo contrario, solo ahondan el problema y empeoran el clima familiar.
¿Por qué lo hace?
Rara vez una explicación racional puede tener significado cuando el comportamiento tiene un origen emocional. Por ello desde el aspecto económico se encuentran soluciones “parches” que no logran resolver el problema de fondo.
Las respuestas financieras suelen orientar a la persona endeudada a la refinanciación de sus deudas, pero si no se cambian los hábitos, la deuda crecerá nuevamente. Cuando se origina un nuevo gasto, esto no viene acompañado de un aumento en los ingresos. Un nuevo costo implica necesariamente disminuir otro gasto.
Entonces, cuando Nicolás contrae una nueva cuota de deuda para el regalo de su mamá, tiene menos dinero disponible mensualmente para su familia, y su señora debe hacer malabarismos para que lo que sobra alcance para todos los gastos.
Por la paz del hogar, Nicolás le dice a su esposa que el regalo lo compraron entre todos los hermanos (lo que no es cierto), es decir, miente pensando que es mejor evitar una discusión, pero con esto solo retrasa el inevitable reclamo de por qué hay menos dinero en la casa para hacer frente a las cuentas mensuales.
Quizás Nicolás considera que le debe mucho a su familia, que él no sería quién es si no fuera por el cuidado y apoyo de su mamá, también en sus pensamientos está la posibilidad de que en algún momento él podría necesitar ayuda y le gustaría contar con sus hermanos. Al fin y al cabo, si en la familia no nos ayudamos, entonces, ¿con quién podremos contar?
El pensamiento de Nicolás no está equivocado. Claro que es lindo apoyarnos siempre entre los miembros de una familia; estar en las buenas y malas forma parte esencial de nuestra existencia social.
Pero es igual de importante respetar las posibilidades reales de cada miembro; probablemente, la mamá de Nicolás prefiera que él tenga una familia feliz y que nada les falte a sus nietos a disfrutar del electrodoméstico que recibió de regalo. De hecho, la falta de sinceridad en la conversación que tiene Nicolás con su esposa me indica que quizá tampoco sea del todo honesto sobre sus posibilidades financieras con sus hermanos.
Una familia debe apoyarse entre sí, pero no debemos permitir que todos descansen en una persona hasta que se hunda y no sea capaz de levantarse. Eso ya no es apoyo, es abuso.
Sé que no es agradable contemplar esta realidad y que, automáticamente, surgen miles de creencias que nos gatillan el pensamiento mágico de las explicaciones racionales del por qué hacemos las cosas de esta manera. Estoy segura de que todas estas justificaciones son atendibles y válidas, pero no podemos perder de vista que se precisa encontrar el punto de equilibrio entre las obligaciones morales con la familia extensa y las obligaciones reales de manutención al nuevo hogar.
Decir “no puedo” no te hace débil ni fracasado, reconocer nuestras limitaciones nos hace humanos, no somos invulnerables a los problemas y a las necesidades. Los hábitos financieros, al igual que la manera en la que nos comunicamos, influyen en el bienestar de nuestra vida familiar.
Sigamos hablando de dinero, porque así aprendemos a manejarlo mejor.
Cómoda
Muchas veces, aunque no se conviva con la familia extensa, es difícil cortar el cordón umbilical financiero. Esta costumbre no es privativa de los hombres.
Entre sí
Los miembros de una familia deben apoyarse entre sí; pero todos no deben descansar sobre una persona hasta que se hunda y no sea capaz de levantarse.
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