Planificando

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Le recomendé a Sebastián Segovia, un joven de 34 años, casado y con una hija de seis años, que planificara su vida para solucionar los problemas financieros por los que estaba atravesando. En mi opinión, si seguía avanzando por el camino que estaba transitando, la situación se tornaría insostenible. Para lograr rectificar rumbos, le sugerí que se propusiera metas a corto, mediano y largo plazo en todos los aspectos de su vida: por ejemplo, en lo laboral, en lo profesional, en lo familiar, en lo espiritual, en lo comunitario e incluso en cuanto al cuidado de su salud física.

No le agradó mi consejo, él quería una receta financiera mágica. Aunque parezca irracional es lo que mucha gente desea escuchar: si haces esto, ¡se arreglará todo! Por eso, Sebastián esperaba que yo pudiera decirle qué tenía que hacer para que inmediatamente se solucionaran sus problemas y no lograba comprender de qué le serviría “filosofar y divagar” sobre su futuro.

Inmediatez

No podemos cambiar el pasado, pero podemos utilizarlo en el presente para analizarlo y, desde esa experiencia de vida, poder decidir cómo queremos que sea nuestro futuro. Nuestra vida está compuesta de muchos aspectos entrelazados entre sí... Si quiero convertirme en un excelente profesional, debo capacitarme y ello conlleva a nuevos costos. Si quiero proveer de buena educación y salud a mis hijos, debo asumir costos. Si no realizo actividades físicas, me podría enfermar y eso involucrará nuevos gastos además de disminuir mi capacidad de trabajo; y así podría continuar con el listado de ejemplos.

Conocer nuestras metas de vida nos podrá orientar a definir prioridades personales y familiares y, en base a ellas, podremos tomar decisiones de consumo, ahorro e inversión, pero para realizarlas debemos desarrollar los hábitos financieros necesarios. Esta escala de concreciones hacia las metas, se ve representada en el cuadro adjunto, denominada Pirámide de Satisfacción Financiera. No podemos separar nuestras metas de vida de la salud financiera, el dinero es una herramienta que precisamos para seguir la mayoría de las estrategias de realización personal.

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De la misma manera, resulta absurdo imaginar resolver conflictos financieros, sin cambiar los hábitos que cada día practicamos en la familia, pues las decisiones de consumo afectan a nuestro presupuesto. Así entonces, debemos comprender que la situación actual es el resultado de una serie de circunstancias que se han ido acumulando a lo largo de los años, por lo que no es de extrañar que dependiendo del tamaño de las dificultades, recuperar la salud financiera será cuestión de iniciar nuevos hábitos que llevarán su tiempo para cambiar sustancialmente el resultado.

Las recetas de la inmediatez rara vez tendrán un resultado sustentable. Eso ya lo han vivido muchas personas que refinanciaron sus deudas pero, al ver liberadas sus líneas de crédito, volvieron a hacer uso y abuso de los viejos hábitos y al poco tiempo se encontraban igual o peor que antes.

Presupuesto

Ponerles números monetarios a las metas nos permitirá visualizar las probabilidades de alcanzar las mismas y el tiempo que requerirá lograrlo. Podríamos definir el plan financiero familiar como un presupuesto. El presupuesto, del pre: previamente, y del supuesto: suponiendo, nos hace reflexionar sobre la proyección financiera como una herramienta en la que, previamente a que sucedieran las cosas, podamos suponer cómo serán los próximos meses, de forma a poder proyectar cuánto ganaremos y cómo utilizaremos esos recursos financieros.

Es recomendable contar con un presupuesto proyectado de 36 meses, para pronosticar nuestros ingresos, ahorros, inversiones y gastos. Esto le permitirá distinguir los meses con mayores gastos, los cumpleaños de la familia, algún viaje, inicio de clases y otros, a fin de poder definir con tiempo cómo hará frente a los mismos. Además, podrá detectar cuando tendrá ingresos extraordinarios, como ser aguinaldo, temporada alta de ventas, último mes de pago de una deuda en cuotas, etc.

Fíjese que generalmente vemos el ahorro como lo que guardamos, si nos sobra algo, luego de pagar todas nuestras cuentas, pero yo le propongo cambiar ese orden y priorizar el ahorro. Usted tiene derecho a quedarse con, por lo menos, el 10% de lo que gana con tanto esfuerzo cada mes, por eso la fórmula debe ser: Ingresos menos ahorro es igual al monto que puedo destinar para gastos fijos, gastos variables y gastos superfluos.

Incluir también en el presupuesto las metas de corto y mediano plazo podrá ayudarnos a analizar la forma de pago de aquellos costos previsibles, como sería el festejo del cumpleaños de 15 de una hija (hace 15 años sabemos que llegará ese día), la matrícula universitaria, y otras situaciones que usualmente requieren que debamos endeudarnos. Sin embargo, ya que somos tan buenos pagando deudas, podríamos transformar eso en una fuerza positiva que nos convierta en buenos ahorradores e inversores porque, si podemos adelantarnos a los hechos, podremos ahorrar y lograr cobrar intereses, en lugar de deber por un préstamo y pagar los intereses.

Mis palabras suenan sencillas, pero no son fáciles de aplicar, quizás Edward T. Hall (The dance of life: the other dimension of time, 1983) tenía razón al sostener que la cultura latina es policrónica y la anglosajona es monocrónica. Según su investigación, los latinos no podemos planificar a largo plazo, quizás por la inestabilidad política, social y económica propia de la región. En cambio los anglosajones analizan sus ciclos de vida a largo plazo. Esta cultura nos lleva a improvisar y a vivir el día a día, donde lo que se gana hoy, se gasta hoy; pero esto se está agudizando, ya no solo se gasta todo lo que se gana, sino que se toman deudas para comprar por montos mayores a los ingresos.

Esto le hace mucho daño a la familia y a la sociedad, debemos aprender a desarrollar hábitos financieros saludables. Planificar, partiendo desde nuestra realidad, el camino que tomaremos para alcanzar las metas, logrando identificar acciones concretas y los requerimientos de recursos financieros que implicarán dichas acciones. Todo esto nos permitirá disfrutar las realizaciones de los logros alcanzados en el camino hacia las metas de largo plazo. Sigamos hablando de dinero, así aprendemos a manejarlo mejor.

Meses. Es recomendable contar con un presupuesto proyectado de 36 meses, para pronosticar ingresos.

Recetas. Las recetas de la inmediatez rara vez tendrán un resultado sustentable. Eso ya lo han vivido muchas personas.

Suponer. Podemos suponer cómo serán los próximos meses, de forma a poder proyectar cuánto ganaremos y cómo utilizaremos fondos.

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