¿Qué hacer ante dos graves problemas nacionales?

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Nuestro país enfrenta dos problemas claves: el de la desigualdad y la pobreza, y el del lento crecimiento económico. La desigualdad sigue aumentando y también la pobreza, pero no el ritmo de crecimiento de la economía. En efecto, en la década de 1990, el crecimiento del producto interno bruto per cápita (PIB) en términos reales, es decir después de restarle el aumento por inflación, fue negativo. No hubo aumento, sino disminución. Se podría atenuar la agudez de la pobreza y disminuir levemente la desigualdad mediante medidas sociales, pero para mejorar el nivel de vida de la población en general es imprescindible acelerar el ritmo de crecimiento económico y sustentarlo a alto nivel por muchos años. Solo así se podrá resolver de fondo el problema de la desigualdad social y de la pobreza. Cabe señalar, sin embargo, que el crecimiento económico, aunque constituye una condición necesaria, no es por sí solo suficiente. Si la sociedad no se fija como objetivo disminuir la desigualdad y la pobreza, por más crecimiento que haya, la desigualdad relativa no disminuirá automáticamente, como ejemplo tenemos el caso del Brasil en la década de 1970, durante la época del llamado “milagro brasileño”, cuando el PIB crecía a más de 8 por ciento anual. la desigualdad empeoraba. Sin política social, puede que el nivel absoluto de pobreza disminuya si el crecimiento es de tipo mano de obra intensivo, que genera muchos puestos de trabajo permanentes. Si, por el contrario, el crecimiento es de tipo capital intensivo, aunque produzca aumento del PIB, no resultará en un aumento significativo de la demanda de mano de obra y por tanto no conducirá al aumento de ingreso de una amplia fracción de la población. El crecimiento de tipo capital intensivo, inclusive, puede empeorar la distribución del ingreso. Esto se debe a la mayor participación del capital que de mano de obra en la actividad productiva. Vale decir que los sueldos y salarios representan solo una pequeña fracción del costo de producción comparado con el capital.

Es evidente que los dos problemas antes mencionados van de la mano y se condicionan y refuerzan mutuamente. La falta de crecimiento hace difícil mejorar las condiciones sociales, y la pobreza y desigualdad. Estas, a su vez, generan descontento, radicalización e inseguridad que parece haber llegado al borde de la ingobernabilidad en algunas zonas del país. Puesto que el inversionista exige estabilidad política y social, y garantía jurídica para su capital, es imposible atraer inversión nacional o extranjera donde existe inseguridad y descontento social. Es bien sabido que se necesitan inversiones productivas para crecer y tener los medios para mejorar el nivel de vida de la población. Tenemos así un doble problema, el de la creciente desigualdad y pobreza, y el del bajo crecimiento económico. Estos se nos presentan unidos como dos manifestaciones del mismo fenómeno.

A modo de digresión, destacados miembros de nuestra sociedad plantearon el mismo problema. Lamentablemente, por falta de tiempo, seguramente, no alcanzaron a proponer soluciones. No obstante, es alentador que hayan sido debatidos ya que esto da la pauta de que ciertos estratos de la sociedad han tomado conciencia de la gravedad de los mismos.

Sin embargo, la ciudadanía no debería considerar que su solución es responsabilidad exclusiva del Gobierno. La responsabilidad debe ser compartida por el sector privado y la ciudadanía en general. Las propuestas de solución deben provenir de los gremios, de los sindicatos, de las universidades y ONG, de la Iglesia, de los partidos políticos y por supuesto de los representantes del pueblo y del Poder Ejecutivo, o de cualquier ciudadano que desee añadir su aporte. Habrá que preguntarse cuál es el papel que corresponde al Estado, cuál al sector privado, cuál a las organizaciones sociales.

Entretanto, conviene destacar que debido a que los problemas de desigualdad y pobreza y de bajo ritmo de crecimiento económico, son sincrónicos y a que la solución de uno de ellos exige la solución del otro, es indispensable que sean abordados simultáneamente. Es decir, habría que avanzar en dos frentes a la vez. Dicho de otra manera, mientras se avanza en un frente no se puede descuidar el otro y dejar que quede rezagado.