Recordando a Stephen Covey

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Stephen Covey, quien falleció el pasado 16 de julio, fue uno de los más exitosos gurús del management de los últimos treinta años. Tenía 79. La prestigiosa revista Businessweek lo describe con un tono casi sacro: El profeta Moisés entregó los Diez Mandamientos, la siquiatra Elisabeth Kübler-Ross introdujo los cinco estadios de duelo, Stephen Covey nos dio los 7 hábitos de la gente altamente efectiva.

“Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva”, libro publicado por primera vez en 1989, ha vendido más de 20 millones de copias y fue traducido a 38 idiomas; tres de sus otros títulos vendieron al menos 1 millón cada uno. Su Centro de Liderazgo Covey (ahora parte de una firma llamado Franklin Covey) afirma haber tenido como clientes a tres cuartas partes de las empresas clasificadas por la influyente revista de negocios Fortune 500.

Su mensaje fue fresco y excitante en un momento cuando otros gurús del management estaban obsesionados en cómo construir mejores organizaciones, Covey argumentaba que el carácter personal, la misión y la autodisciplina eran los factores que más importaban. Enseñó que los empleados no eran meros engranajes en una maquinaria impulsada por recompensas y castigos, sino personas.

Guiado por su fe religiosa, la Iglesia Mormona, fue a Gran Bretaña como misionero cuando tenía 20 años, y predicó en las esquinas de las calles. “Me ayudó para aprender a hablar en público e interactuar con una audiencia”, recordaría años después.

El carácter

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Fue influenciado por Peter Drucker, el rey de los teóricos del management, quien escribió en 1967 que “la efectividad… es un hábito”. También recibió inspiración de dos siglos de la mejor literatura universal, que él leyó para su tesis doctoral. Descubrió que en los primeros 150 años de la fundación de la nación norteamericana los libros de autoayuda enfatizaban el carácter como una de las cualidades centrales de la persona; fue solamente después de la Segunda Guerra Mundial cuando lo intercambiaron por cualidades superficiales tales como la apariencia y el estilo.

Sus siete hábitos son: “sé proactivo”, “comienza con el final en la mente”, “pon primero lo primero” (raramente es el tercero de la lista), “piensa en ganar-ganar”, “busca primero entender, luego ser entendido”, “sinergiza o aprende a trabajar con otros para el beneficio de las partes”, “afila la cierra o mantente física, mental y espiritualmente renovado a través de acciones como ejercicios, lectura, oración y buen trabajo”. Posteriormente, le agregó un octavo hábito: “encuentra tu voz e inspira a otros a encontrar los suyos”.

Ayuda

Voces cínicas se mofaron de que los hábitos eran obvios. Sin embargo, hablado en un lenguaje simple, claramente satisface una necesidad amplia. Ayudó a las personas a aplicar los hábitos o principios. Por ejemplo, les estimuló a dividir sus tareas en cuatro categorías: urgente e importante; no urgente y no importante; urgente y no importante; no urgente e importante. Luego les decía que priorizaran la cuarta categoría, a manera de minimizar los puntos o temas que se hacían ambos importante y urgente.

Creyó que combinando personas altamente efectivas resultaría en organizaciones y negocios altamente efectivos. Esto es inevitable, pensó, cuando su centro de liderazgo Covey se fusionó con Franklin, una firma que había sido pionera en productos gerenciales, que se probó errado cuando poco después que los teléfonos inteligentes (smartphones) aparecieran como el BlackBerry, que no requieren que uno escuche conferencias, amenazó la supervivencia de la nueva firma fusionada Franklin Covey, recuperándose refocalizando sus productos hacia el asesoramiento a empresas. Una cosa es convertirse en una persona efectiva, otra es convertir una organización en efectiva.

Su preocupación más significativa fue que la gente supiera hacer un balance de vida y trabajo. Odió retirarse y trabajó hasta el final, que vino como consecuencia de complicaciones a partir de una caída de su bicicleta. Estaba escribiendo varios libros, incluido uno sobre cómo reducir el crimen, que será publicado de manera póstuma.

Algunas frases

A continuación, algunas frases que encierran la quintaesencia de la sabiduría Covey:

- “La manera en que vemos el problema es el problema”.

- “Una cosa es cometer un error, y otra cosa muy distinta no admitirlo. La gente va a olvidar los errores, porque los errores suelen ser de la mente, los errores de juicio. Pero a la gente no le es fácil perdonar los errores del corazón, la mala intención, los malos motivos, el orgullo que justifica el encubrimiento del primer error”.

- “Cada uno de nosotros guarda una puerta de cambio que solo puede abrirse desde el interior”.

- “Yo no soy un producto de mis circunstancias. Soy un producto de mis decisiones”.

- “El valor no es ausencia de miedo, es la conciencia de que hay algo más importante”.

- “Sé una luz, no un juez. Sé un modelo, no un crítico”.

- “Vivir, amar, reír, dejar un legado”.

- “Hay tres constantes en la vida... el cambio, la elección y los principios”.

- “Saber y no hacer es realmente no saber”.

- “Cada niño es un líder”.

- “La familia es más importante que la empresa”.

- “No somos animales. No somos un producto de lo que nos ha sucedido en nuestro pasado. Tenemos el poder de elección”.

- “La admisión de la ignorancia es a menudo el primer paso en nuestra educación”.

- “No discutas las debilidades de otras personas”.

- “La fuerza reside en las diferencias, no en las similitudes”.

- “La seguridad económica no reside en su trabajo, sino se encuentra en su propio poder para pensar, aprender, crear, adaptarse. Esa es la real independencia financiera”.

- “Busca primero entender, luego ser comprendido”.

- “Lo principal de mantener lo principal es lo principal”.

Stephen Covey escribió que será recordado como un hombre que trató de rescatar la noción del carácter desde la superficialidad de los que venden autoayuda, quienes implican que uno puede cambiar su carácter tan fácilmente como se cambia una corbata y desde aquellos que ignoran las implicancias del carácter culpando todo “al sistema”.

El CAES rinde tributo al Dr. Covey porque sus enseñanzas permearon profundamente su cultura, su metodología educativa y haber inspirado a una generación de sus facilitadores, pero sobre todo porque “vivió la vida acerca del cual escribió. Tuvo una convicción que venía desde la experiencia” (Clayton Christensen). Le sobreviven su esposa Sandra, 9 hijos, 52 nietos y 6 bisnietos.

Frase. Frase famosa de Covey: “Cada uno de nosotros guarda una puerta de cambio que solo puede abrirse desde el interior”.

Tributo. El CAES rinde tributo al Dr. Covey porque sus enseñanzas permearon profundamente su cultura y su metodología educativa.

Poder. “La seguridad económica no reside en su trabajo, sino se encuentra en su propio poder para pensar, aprender y crear.

* Facilitador y consultor del CAES (Unidad Académica dependiente de la Facultad de Ciencias Económicas de la UNA)