Apenas al entrar a Humaitá, luego de 25 km de viaje por camino de tierra desde Isla Umbú, pareciera que se ingresa a un lugar que quedó estancado en el tiempo, por sus antiguas residencias y su apacible población. Sin dudar, los habitantes dicen que la inseguridad en el sitio es cero, lo que se evidencia al ver las casas de puertas abiertas, camas ubicadas en las galerías para soportar las noches de intenso calor y los museos privados al aire libre, sin que nadie le robe a nadie, pese a no ser precisamente la localidad más rica del país, sino todo lo contrario.
Según el último censo, el lugar registra 2800 habitantes; de los cuales, 1500 viven en el casco urbano y los demás, en cuatro compañías. La mayor parte de la economía gira en torno a la pesca comercial, dado que la ciudad limita con el río Paraguay. “Es un riqueza natural que tenemos y la aprovechamos. Casi el 70 % de la economía se basa en la pesca”, cuenta Julio Caballero, intendente de Humaitá.
En las compañías y parte de la zona urbana están instalados pequeños agricultores, que plantan para su consumo familiar productos como el maíz, la batata, el poroto, entre otros. También hay pequeños ganaderos, cuyos ingresos se deben a la venta de desmamante, terneros y un poco de queso.
Pero como la actividad principal es la pesca, casi toda la comunidad se resiente en época de veda. Los pescadores venden el producto de su trabajo a acopiadores de Asunción y el entorno.
Sin embargo, existe otro ingreso que obedece a la actividad turística, ya que los visitantes llegan a la ciudad atraídos por las ruinas de Humaitá, que es la iglesia de San Carlos Borromeo, bombardeada durante la Guerra contra la Triple Alianza y que hoy es el símbolo de esta comunidad. También se encuentran otros espacios históricos, como el jardín de Madame Lynch, donde hay árboles de la época de Francisco Solano López, pero ya a escasos 10 m del barranco, por lo que corren el riesgo de desaparecer. “Inclusive, las ruinas están en peligro si no se hace una protección en forma contra el río, porque actualmente la única defensa es de madera y se encuentra en estado deplorable”, añade Caballero. Existen proyectos para mejorar y proteger los espacios turísticos, incluso de parte de la Entidad Binacional Yacyretá, pero nada se concreta.
G. 3000
cuesta la entrada al museo municipal, donde se pueden ver elementos bélicos, recogidos de los campos de batalla en Humaitá.
39 km.
dista Humaitá de Pilar, la ciudad donde los jóvenes estudian una carrera universitaria por no contar con esa posibilidad en su comunidad.
