Construir la casa propia se torna, para muchos, un proceso lento, de alto costo y poco realizable a corto plazo. Hay empresas que detectan esta necesidad y crean alternativas accesibles, como las viviendas prefabricadas. Son modelos experimentados a gran escala en Europa.
Su utilidad, sobre todo, radica en que pueden ser montadas en menos de un mes e inclusive en 10 días, de acuerdo al diseño elegido por el cliente. Este producto habitacional resulta hoy, para muchas parejas con o sin hijos, una solución rápida.
Las prefabricadas son plataformas de viviendas de montaje seco, cerrado, cuyos materiales básicos de construcción son la madera reforestada o fribrocemento. Consiste en un sistema compuesto, además, por tabiques interiores, exteriores y cielos rasos.
Una vivienda prefabricada monoambiente se oferta hoy en el mercado a G. 28 millones (18 m2), en tanto que la de más de un ambiente cuesta G. 56 millones en adelante, a diferencia de las edificaciones tradicionales, cuestan hasta un 30 % menos. La estructura está compuesta por habitaciones, baño completo, cocina con mesada de madera, red eléctrica e íntegro sistema de grifería.
Por lo general, la forma de pago se da en un 30 % de anticipo al realizar el pedido, 35 % al empezar la obra, 30 % durante el techado y el 5 % al tiempo de entrega de la llave. En casi todos los casos, los precios ya incluyen el armado, la provisión de materiales y limpieza de la obra. Los tipos de pintura, piso y zócalo quedan a elección del cliente.
Experiencias. Anne Rogier, propietaria de la firma Casa Lista, que hace dos años construye y comercializa en el país este concepto habitacional, explica que los tableros utilizados se constituyen de partículas duras que sirven de soportes de aislación hidrófuga, que se ubican en paneles exteriores. “La carpintería y los revestimientos van incorporados a los componentes, como también las canalizaciones para las instalaciones eléctricas y anclaje”, expresa.
Agrega que, en el caso de su empresa, emplean técnicas norteamericanas para erigir las casas y oficinas, y que los pedidos van en auge, en especial los de modelos monoambientales para oficinas e inclusive para salas de clase. “Se realiza a medida de lo que requiere el cliente”, manifiesta.
En otro punto, firmas extranjeras se encuentran explorando el mercado con el objeto de hallar inversionistas que deseen incursionar en la fabricación y comercialización de casas prefabricadas, con materiales europeos, como es el caso de la compañía española Sismoha.
Por otra parte, la Secretaría Nacional de la Vivienda y el Hábitat también analiza utilizar recursos industrializados y preindustrializados para la provisión de viviendas dentro de su plan social, según dio a conocer la entidad estatal. Años atrás, el Ministerio de Educación y Cultura también presentó la idea de aulas prefabricadas, que no se concretaron.
En cuanto al perfil de quienes demandan casas prefabricadas, la ingeniera Juliana Duarte, gerente de obras de Zelada Fischer Constructora Inmobiliaria, indica que en su mayoría son personas de clase media, conformadas preferentemente por profesionales universitarios o funcionarios de ingresos medios. Fischer Constructora llegó a comercializar a nivel local casas industrializadas a partir de materiales prefabricados.
Duarte sostiene que, actualmente, son pocas las inmobiliarias que se arriesgan a la construcción tradicional (a base de ladrillos, tejas) debido a que cada vez es más cara. “La demanda exige barrio, transporte público, servicios básicos, escuelas, supermercados. El modelo de comprar un terreno a plazo para luego construir la vivienda está terminando y muy rápido”, subraya la profesional.
Otro concepto
En el mercado también se ofertan las viviendas industrializadas, que son aquellas construidas con elementos prefabricados y estandarizados. A diferencia de la prefabricada, este modelo permite modificar los diseños de ambientes, sean del dormitorio, la cocina o la sala. Este tipo de casa está siendo impulsado en el país, tanto por el sector público como por el privado.
