Explicaron al rey lo sucedido, y el monarca dijo a Amaranta: —Si no obligas a tu toro a que se deje clavar te mataré a ti.
La anciana acarició el testuz de Akelé y le dijo:
—Mi querido Akelé, ¡déjate llevar!
Y el buen animal relajó sus músculos. Cuando la sabrosa carne le fue entregada al rey, este ordenó que la anciana recibiera la grasa y las tripas. Y la pobre Amaranta se llevó ambas cosas en un cesto, sin dejar de recordar al sacrificado Akelé.
Guardó la grasa y las tripas en una tinaja, y sucedió que desde aquel día, al levantarse por las mañanas, encontraba su casa completamente arreglada y limpia. Deseando aclarar el misterio, un día salió, pero se quedó observando por una rendija, y vio a dos hermosas doncellas salir de la tinaja y realizar todas las labores caseras. Amaranta entró de improvisoy las dos jóvenes quisieron esconderse en la tinaja.
—No teman —les dijo la anciana—. Podemos ser amigas.
Sobre el libro
Libro: Mis cuentos de hadas
Título: El toro del rey
Editorial: Cuenticolor
