Como me atrae mucho el trabajo con y por la gente, me gustaría alguna vez ser un abogado, pero uno quien trabaja en la defensa de los derechos humanos. Siempre se escucha que los abogados son como buitres que están pescando para aprovecharse de las desgracias y problemas de la gente. Aunque existan personas así entre ellos, estoy seguro que son más los que realizan un buen servicio; como expertos en leyes, su trabajo es muy necesario para que la ley se cumpla, cosa que muchas veces no ocurre por el lento y pesado funcionamiento de las instituciones del Estado, que en vez de facilitarlos, lo dificultan.
Pero más que trabajar por el cumplimiento de la ley, me gustaría trabajar por la justicia para la gente. Solemos hablar con mi papá acerca de eso. Él dice que la justicia, muchas veces, es una idea alejada de la realidad y que, en los tribunales, solo se discute sobre si hubo incumplimiento de la ley o no. Entiendo que la ley es necesaria para ponernos de acuerdo como sociedad acerca de lo que está bien y mal, y de los derechos y obligaciones que se desprenden de ellos. Pero al ser normas que se establecen en un momento dado, para responder a necesidades muchas veces muy concretas, seguramente esas normas legales pueden ir cambiando, actualizando, perfeccionándose, para buscar responder a las verdaderas necesidades de la gente. Creo que la justicia, aunque sea una idea abstracta, debe ser como el horizonte que guía la búsqueda de la equidad en una sociedad. Y es aquí donde considero que los expertos en leyes pueden marcar la diferencia. Son los que pueden plasmar en leyes los reclamos más genuinos de la gente y defender sus derechos para llevar una vida más digna: derecho consagrado de todo ser humano. Algún día me gustaría ser un defensor de la justicia y, para ello, convertirme en un experto en leyes.
