Kala es una jovencita de pelo marrón y ojos tristes que lleva ya un tiempo en la perrera, esperando una nueva oportunidad de ser querida y tener un hogar en el que la quieran.
Keira es también una perrita joven, de color blanco con manchas negras, que todavía no entiende cómo le han podido abandonar.
La pequeña Kala, tristemente se está acostumbrando a la vida que tiene en la perrera. Con solo los barrotes de su jaula, un comedero y un cubo de agua como única compañía pasa los días en un rincón apartado de su jaula.
Todo cambia cuando, algunos días más tarde, uno de los encargados de la perrera llega con Keira. Desconfiada y temblorosa entra en la jaula desde donde Kala la mira con curiosidad desde su rincón.
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Pasan unos cuantos días hasta que Keira decide acercarse a su compañera y le pregunta tímidamente:
—¿Cómo te llamas?
—Kala, ¿y tú? —le contesta la perrita dejando por primera vez su rincón.
—Mi nombre es Keira.
Poco a poco, Kala y Keira se van conociendo un poquito más y día tras día se van haciendo inseparables. Ambas se han hecho una promesa inquebrantable, jamás las separarán. Pase lo que pase, siempre estarán juntas. Un día ocurre que a uno de los cuidadores les llama la atención la amistad que se ha creado entre las dos perritas, y levanta una foto en las redes de las dos perritas abrazándose y, gracias a la ternura y la tristeza que desprende la imagen, en poco tiempo da la vuelta al mundo.
Ambas saben que si dejan de abrazarse, puede ser que finalmente acaben separándolas de verdad y que jamás vuelvan a verse, así que siguen así, abrazadas de manera que, quien quiera adoptarlas, tenga que llevarse a las dos a casa.
Y sucede. Uno de los chicos que visita a las dos amigas, se siente incapaz de separarlas y, sin dudarlo un momento, decide llevarlas a su casa.
Las vidas de Kala y Keira cambian de nuevo, pero, esta vez, para estar juntas por siempre.
Fuente: adaptación del cuento de https://bit.ly/30xYw3F
