Da realmente mucha pena e, incluso, indignación ver a un jovencito o jovencita, o bien a personas adultas jóvenes, sentados tranquilamente en el colectivo, mientras una señora mayor, una mujer embarazada o un señor de edad, con grandes dificultades para caminar, permanece en pie durante largos trayectos de viaje en colectivo.
Ocurre que con la ajetreada vida de estos tiempos, vemos personas que vienen y van en las ciudades. La prisa, las aglomeraciones, entre otros, nos han llevado de forma progresiva al «olvido» de muchos de los buenos valores de cortesía para con los demás. Entre ellos, está el de ceder un asiento. Para muchos, un buen asiento se ha convertido en una «propiedad» que nadie quiere ceder ni compartir. No muchos entienden el otro valor fundamental: la capacidad de renuncia.
Es preciso entender que los valores no mueren, sino que quedan arrinconados y que en cualquier momento afloran. También hay jóvenes y personas de todas las edades muy bien educadas, que con mucha cortesía dicen: «Señor, tome asiento».
Recuerda, anota y practica
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Aislarse en el colectivo, colocándose los auriculares o mirando el teléfono celular para ignorar lo que ocurre a tu alrededor no es una excusa para evitar ceder el asiento a quien lo necesite. Necesitamos practicar los valores perdidos, entre ellos, la capacidad de renunciar a una comodidad para brindar a alguien que necesita más.
Actividades
1.Reflexiona acerca de la importancia de ceder el asiento a quien lo necesite.
2.Responde. ¿En qué consiste el valor de la capacidad de renuncia?
3.Comparte tus logros con tus compañeros.
Fuente: Protocolo y etiqueta. (s/f). Ceder el asiento una cuestión de educación. Consultado 29.07.19. Disponible en https://bit.ly/31sShPk
