Los juegos de Carolina y Gaspar (adaptación) (2)

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Los juegos de Carolina y Gaspar (adaptación) (2)
Los juegos de Carolina y Gaspar (adaptación) (2)Archivo, ABC Color

Veamos qué pasa con estos niños y la colección de insectos. ¡Sigamos leyendo!

Carolina lo alentó al pasar con uno de esos gestos incomprensibles que solo ellos entendían.

–¿Por qué esos insectos no están libres? –preguntó Carolina algo maliciosamente a la señorita Petra.

–Porque están muertos –dijo ella, ajustándose los anteojuelos–. Ahora nos sirven para que estudiemos sobre ellos.

–Pero los bichitos muertos no pueden enseñarnos nada –protestó Carolina.

La señorita Petra cerró sus cajas, se encajó en la cabeza su gorro puntiagudo y se marchó también disgustada esa mañana.

Esto sucedió antes de que Carolina y Gaspar hicieran el gran descubrimiento de los muñequitos, hijos del sol y la luna. Pero esa es otra historia. Y en esta solo hablaremos de Carolina y Gaspar, los primos que se querían como hermanos y que eran los mejores amigos del mundo.

Lo cierto es que, en la escuela, los demás alumnos los miraban como a dos bichos raros. Eran los peores del grado, pero eran los mejores en los juegos.

Ya desde el jardín de infantes sobresalían entre todos por su habilidad para correr y saltar, hacer morisquetas y contorsiones imitando a los animales, por su imaginación para dibujar con lápices de colores, pegar figuritas en los cuadernos o modelarlos en plastilina. Nadie como Gaspar y Carolina para jugar a las escondidas, al martín pescador, a la farolera, al arroz con leche, a la mancha. Pero no solamente se destacaban en los juegos comunes, también sabían inventar otros nuevos.

Fabricaban telefonitos con hilo de carretel y cajas de fósforos.

Hacían musiquita con botellas vacías cantando al compás de varios cantitos.

Imitaban la voz del río y de los pececitos con un organito de caracoles.

Con trozos de espejos formaron espejismos y danzas de figuras que parecían llegadas desde lejanos países y hasta desde otros mundos planetarios.

Con trozos de cristales fabricaron telescopios y anteojos de mirar al revés para contemplar el país del Nunca Jamás...

Carolina cantaba: Jugamos en la lluvia sin mojarnos...

Y Gaspar cantaba:

Sobre los charcos navegamos con el paraguas al revés

Y cruzando el mar, el mar, el mar, en una cáscara de nuez...

Así fue como también inventaron un lenguaje. Su propio lenguaje. Empezaron hablando al revés; cada vez más ligerito al revés.

Al vés-re... al vés-re... al vés-re.

Sobre el libro

Título: Los juegos de Carolina y Gaspar

Autor: Augusto Roa Bastos

Editorial: El Lector

Colección: Primeros lectores