Amor por la lectura (adaptación)

Este artículo tiene 5 años de antigüedad
Amor por la lectura (adaptación)
Amor por la lectura (adaptación)Archivo, ABC Color

Mario Sánchez Bustos

Sebastián era un niño que no sabía leer ni escribir, le regalaban cuentos y revistas y no los entendía y no los podía disfrutar.

Un día, Sebastián conoció a una bella niña y recibió con gran alegría una carta de parte de ella, se la entregó un simpático ratoncito de color lila, pero la carta era mágica, nadie podía leerla, solo Sebastián podía hacerlo. Pero ¿cómo leerla si no sabía hacerlo? Antes de irse, el ratoncito lila que le entregó la carta le dijo que cuando la leyera, tendría un mensaje y un premio especial.

Como Sebastián era muy curioso, no vivía tranquilo pensando en la carta y se puso a estudiar con todas sus ganas: hacía preguntas al profesor, en las noches juntaba letras y las leía a su papá, miraba carteles en la calle, en los supermercados, en el centro y solo pensaba en leer. En su cuarto pegó un abecedario, lo miraba todas las noches antes de rezar y dormir, durante la cena juntaba las letras de la sopa, todo lo hacía por leer algún día la carta de la niña.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Un día, Sebastián y su grado viajaban en un tren a visitar un museo; el tren se detuvo con las puertas cerradas y no se podían bajar, lo que causó pánico en los niños y el llanto de la amiga de Sebastián. Fue entonces cuando Sebastián miró un letrero del tren que decía las instrucciones para abrir la puerta; se puso a leer y trató de comprender, después de un rato, siguiendo las indicaciones, logró abrir la puerta y los niños bajaron tranquilos y felices.

—¡Gracias, Sebastián!— le dijo la niña, y le dio un beso en la mejilla. Sebastián le respondió que no fue nada, que solo siguió las instrucciones que leyó en el aviso de emergencia.

—¿Qué ya sabes leer, Sebastián? —preguntó la niña. Entonces puedes leer mi carta.

Sebastián, sorprendido, descubrió que ya podía leer, sacó la carta que llevaba y se puso a leerla, y más grande fue su sorpresa al ver su contenido que decía: “Sebastián, cuando sepas leer, sabrás que eres un gran amigo y te quiero mucho”. Sebastián estaba feliz, sabía leer y, además, tenía un premio: el cariño de la niña a quien tanto apreciaba.

Al pasar los años, Sebastián siguió leyendo, tanto que fue el mejor lector del país, leía tan bien que llegó a ser un gran locutor, el más escuchado en todas las radios.

Fuente: https://bit.ly/3bUQdEX