El término optimismo proviene del latín optimum, que traduce «lo mejor».
Movimientos artísticos y culturales de importancia central en la historia de la humanidad, como el Renacimiento y la Ilustración, asumieron a menudo el optimismo como parte de sus perspectivas, pues se trataban de movimientos llenos de fe en la humanidad y en el mañana. Quienes se adhieren a este modelo filosófico o psicológico se conocen como optimistas.
Los optimistas suelen enfrentar sus desgracias con humor y resiliencia.
Al optimismo, a menudo, se le atribuye la capacidad de movilizar energías positivas y propiciar en el hombre un mejor desempeño, al eliminar por autosugestión la angustia, el miedo y la depresión (que conlleva a la parálisis).
Los optimistas suelen enfrentar sus desgracias o errores mediante el humor y la resiliencia, sacando lo mejor posible de lo que ha salido mal, y en esa medida pueden ser mucho más exitosos.
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