El chingolo (3) (adaptación)

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El chingolo (3) (adaptación)
El chingolo (3) (adaptación)

Veamos cómo continúa la historia de este personaje tan soberbio.

Así ocurrió que cierto día, al pasar frente a un templo en construcción, llevado por su fanfarronería, dijo a sus amigos que iban con él:

—¿Ven la pared esa, ahí donde están construyendo la iglesia?

—Sí, ¿qué pasa con ella?

—Que la derribo de una patada… —se jactó de su fuerza Rafael.

Y uniendo la acción a la palabra, tomó carrerilla y dio un puntapié fenomenal a la pared recién levantada. En realidad, no un puntapié, sino que le dio con toda la planta del pie, como hacen los luchadores de taekwondo o karate.

Tembló la pared de arriba abajo, se inclinó lentamente, y en el colmo de la petulancia, Rafael apoyó el dedo índice sobre uno de los ladrillos e hizo como que la empujaba del todo. Luego se sopló el dedo y sacudió la palma de las manos una contra otra.

No contó con que el comisario del pueblo estaba por las cercanías y vio toda su exhibición.

El comisario era uno de los muchos que no tenían ninguna simpatía por el petulante de Cachilo y, aprovechando que la razón lo asistía y esa circunstancia le venía «de perillas», no dudó en arrestar y meter preso a Rafael Piruchĩ.