Unos pocos días en la prisión fueron suficientes para que Rafael aprendiera la lección y, arrepentido de todas sus malas acciones, decidió ayudar a todas las demás personas –quienes se jactaban de sus hazañas– a ser más humildes y solidarias.
Los cielos, para recompensar que Rafael había cambiado y que además había ayudado a muchas personas, decidieron que debían premiarlo.
Y así, resolvieron convertirlo en un pajarillo.
Esta avecilla particular tiene un bonete en forma de copete a rayas y camina dando saltitos.
Además, tal vez porque dicen que la música es algo celestial, mantiene su cualidad de buen cantor, por haber sido, además, buen guitarrero.
Y el canto que entona permanentemente ahora, parece decir «¡Bendito sea!», alabando a Dios, para reparar su mala acción.
Mucha gente lo conoce como «Chingolo » y otros como «¡Bendito sea!», como parece proclamar su agradable y potente trino.
Seguramente arrepentido de su vida anterior, también se convirtió en un buen padre de familia que construye primorosos nidos en los aleros de las casas y donde hay gente reunida cerca de los hogares familiares.
Ahora es un precioso pajarito, manso y sumiso al que gusta andar cerca de las casas e incluso introducirse en los corredores, alegrando a la gente con sus encantadores trinos.
