El chingolo (4) (adaptación)

Este artículo tiene 4 años de antigüedad
El chingolo (4) (adaptación)
El chingolo (4) (adaptación)

Es hora de conocer el desenlace de la historia de Rafael.

Unos pocos días en la prisión fueron suficientes para que Rafael aprendiera la lección y, arrepentido de todas sus malas acciones, decidió ayudar a todas las demás personas –quienes se jactaban de sus hazañas– a ser más humildes y solidarias.

Los cielos, para recompensar que Rafael había cambiado y que además había ayudado a muchas personas, decidieron que debían premiarlo.

Y así, resolvieron convertirlo en un pajarillo.

Esta avecilla particular tiene un bonete en forma de copete a rayas y camina dando saltitos.

Además, tal vez porque dicen que la música es algo celestial, mantiene su cualidad de buen cantor, por haber sido, además, buen guitarrero.

Y el canto que entona permanentemente ahora, parece decir «¡Bendito sea!», alabando a Dios, para reparar su mala acción.

Mucha gente lo conoce como «Chingolo » y otros como «¡Bendito sea!», como parece proclamar su agradable y potente trino.

Seguramente arrepentido de su vida anterior, también se convirtió en un buen padre de familia que construye primorosos nidos en los aleros de las casas y donde hay gente reunida cerca de los hogares familiares.

Ahora es un precioso pajarito, manso y sumiso al que gusta andar cerca de las casas e incluso introducirse en los corredores, alegrando a la gente con sus encantadores trinos.