Esas diferencias no solo son físicas, pertenecemos a veces a diferentes religiones, culturas, clubes, idiomas; algunos también tenemos discapacidades físicas o mentales. Sin embargo, no prestemos atención a lo que nos hace diferentes, sino a los nos une: todos somos seres humanos con los mismos derechos.
Miremos las diferencias, incluso las discapacidades, como una riqueza para aprender a aceptar a los demás, a valorarlos, ser solidarios, tolerantes y a evitar apartarlos porque no son iguales a nosotros.
Los padres y maestros inspiran a los niños en su modo de ver el mundo y de relacionarse con los demás. Por eso es importante que sean un modelo positivo a seguir. Cuando lo que decimos y lo que hacemos se contradicen, no podemos enseñar con el ejemplo.
Es importante que los adultos (padres y profesores) enseñen con el ejemplo la no discriminación a los niños, para tener una mente abierta, respetar y aceptar los modos de ser diferentes de ellos.
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