A los participantes se les enseñaban fotografías que generaban emociones positivas, negativas o neutras y, a continuación, unas palabras que debían memorizar. Los resultados revelaron que en cada una de las situaciones se activaban regiones cerebrales diferentes: el hipocampo en un contexto emocional positivo, la amígdala en uno negativo y el lóbulo frontal en uno neutro. Como consecuencia de ello, las palabras que se recordaban mejor eran aquellas que se presentaban en un contexto positivo, un ejemplo claro de la relación directa entre cognición y emoción y de la importancia de generar en el aula climas emocionales positivos que favorezcan el aprendizaje.
¿Pero qué significa esto en la práctica?
Sabemos que el estrés afecta al aprendizaje. Un cierto nivel de estrés es necesario, e incluso beneficioso, porque activa circuitos cerebrales que controlan la atención o la memoria y evita el aburrimiento. Pero para que el aprendizaje sea óptimo, el nivel de estrés no puede ser excesivo, porque puede provocar ansiedad o agotamiento. Los niveles de estrés muy intensos elevan los niveles de la hormona cortisol, lo cual perjudica a la memoria. También se han encontrado otros efectos nocivos en la esfera neuronal, en la corteza prefrontal o en la amígdala (Sapolsky, 2005).
Estas situaciones perjudiciales para el aprendizaje pueden darse tanto en el alumno como en el profesor. Se ha demostrado que el estrés del docente (Bumout) provoca un contagio emocional negativo en el aula al incrementar los niveles de cortisol del alumnado (Oberle y Schonert-Reichl, 2016).
Una estrategia fácil para superar el estrés es la risa. Seguramente, el humor se desarrolló como un mecanismo de regulación emocional necesario para afrontar unas relaciones sociales cada vez más complejas. Pero lo que está claro es que las personas que contrarrestan el estrés con humor obtienen beneficios físicos, cognitivos y emocionales, y que, cuando sonreímos, nos sentimos bien porque activamos el sistema de recompensa cerebral (Cozolino, 2013). En un aula con clima emocional positivo, el error se asume con naturalidad, se fomenta un aprendizaje activo, se suministran retos adecuados y existen siempre expectativas positivas por parte del profesor hacia sus alumnos.
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