Conversaciones de padres e hijos sobre el consumo de sustancias y la presión de grupo

Conversaciones de padres e hijos sobre el consumo de sustancias y la presión de grupo
Conversaciones de padres e hijos sobre el consumo de sustancias y la presión de grupoArchivo, ABC Color

Abordar el tema de las adicciones puede generar temor, pero la clave no es el control absoluto, sino la construcción de un vínculo de confianza. El primer paso es establecer conversaciones honestas y bidireccionales, alejadas del formato de «interrogatorio».

Los padres deben informar sobre los riesgos reales del consumo de sustancias de forma objetiva y científica, evitando el alarmismo exagerado que suele generar escepticismo en los jóvenes. Escuchar sus opiniones y dudas sin juzgar de inmediato permite que el adolescente sienta que el hogar es un espacio seguro para buscar guía cuando se enfrente a situaciones de riesgo.

La presión de grupo es uno de los desafíos más fuertes en la adolescencia, ya que el sentido de pertenencia es muy importante en esta etapa. Es fundamental fortalecer la autoestima y la asertividad del joven, enseñándole que decir «no» no disminuye su valor personal ni pone en riesgo las amistades verdaderas. También es útil practicar situaciones hipotéticas y respuestas sencillas y firmes para que sepan cómo actuar cuando se sientan presionados a consumir. Ejemplos: «No, gracias, mañana tengo partido», «Paso, me cae mal», «Conduzco» u «Hoy no me apetece». Al validar su necesidad de pertenecer, pero fortalecer su criterio propio, los padres ayudan a desarrollar un escudo emocional frente a las influencias negativas.

En el entorno familiar, la prevención también requiere coherencia y el establecimiento de límites claros, razonables y consistentes. Los adolescentes necesitan conocer qué se espera de ellos y cuáles son las consecuencias de incumplir los acuerdos, pero estas normas deben ir acompañadas del ejemplo que ofrecen los adultos. Asimismo, la supervisión debe ser respetuosa y constante: conocer a sus amigos, saber dónde están, interesarse por sus actividades y mantener una comunicación cercana sin invadir su necesidad de autonomía.

Finalmente, es esencial que los hijos desarrollen su inteligencia emocional. En muchas ocasiones, el consumo de sustancias representa un intento de aliviar el estrés, la ansiedad, la tristeza o la soledad. Cuando los adolescentes aprenden a reconocer sus emociones y a utilizar estrategias saludables para afrontarlas —como el deporte, el arte, la lectura, la música o el diálogo con personas de confianza— disminuye el riesgo de recurrir al consumo de sustancias. La prevención es una tarea diaria basada en el acompañamiento, el afecto, la comunicación y la educación en valores, que prepara a los jóvenes para tomar decisiones responsables incluso cuando sus padres no están presentes.

Para reflexionar en familia

1. ¿Estoy dedicando tiempo suficiente para conversar con mi hijo o hija sobre sus amistades, preocupaciones y decisiones, de manera que se sienta escuchado y comprendido?

2. ¿Con mis acciones diarias y el ambiente que promuevo en el hogar estoy siendo un modelo positivo que fortalece la autoestima, la responsabilidad y la capacidad de mi hijo o hija para decir «no» ante la presión de grupo?

Fuentes:

- Organización Mundial de la Salud (2024). Prevención del consumo de alcohol y drogas y promoción de la salud en adolescentes.

- Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (2018). Normas Internacionales sobre la Prevención del Uso de Drogas.