Narrar aquellos momentos nos desinhibe, nos da más seguridad en la expresión oral, ofrece confianza ante el grupo y nos facilita conocernos y comunicarnos más como colectivo. Y por supuesto, pasamos una jornada agradable, con una metodología dirigida por el docente y durante la cual cada participante, en un lapso de entre cinco y diez minutos, cuenta esa privacidad que quizás nunca haya expresado ante un auditorio.
Como caso curioso, cuando alguien está narrando su anécdota, muchas historias se vienen a la mente de cada uno de los oyentes, se asocian también con experiencias individuales y otros quieren pasar a narrar la suya. Vale destacar que la estrategia como tal se inicia cuando el docente abre el camino: se pone como modelo y cuenta alguna o algunas de sus historias de vida con anécdotas; de esta manera, todos aprendemos de todos.
Estas son las preparatorias para el uso de la anécdota en el desenvolvimiento oral
• Se considera el contexto en que el niño interactúa.
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• Se respetan las variaciones en el uso lingüístico, regional y social.
• Se presentan otras variedades y usos lingüísticos para que los niños perciban la diversidad.
• Se crea un espacio de lectura, donde diariamente el maestro lee un cuento, una fábula, una leyenda, una noticia, una poesía, de acuerdo con la propuesta del niño o con sus intereses; pero también un espacio donde se puedan escuchar grabaciones, poesías y poemas grabados, y en los cuales, además, se pueda asistir a proyecciones de películas que facilitan la comprensión lectora por el valiosísimo aporte en léxico e imágenes cargado en sus bagajes.
Te presentamos a continuación la primera parte de un relato interesante que servirá como disparador para iniciar una serie de narraciones y a partir de las cuales se podrán encadenar otras anécdotas surgidas y narradas por los participantes del grupo escolar.
Una rabona televisada
Nidia Sanabria de Romero,
de Antología Infantil y Juvenil, Asunción, 2009
YO soy TAQUI, un perrito medio pequinés. La verdad es que mamá PEQUI se casó con papá FEO. Decía mamá que, por eso, durante el casamiento, se armó un gran lío y que los abuelos se mordían la cola durante la ceremonia un poco por rabia y otro poco por tristeza.
La verdad es que la abuela PEQUINESA era una de esas copetudas que vestía siempre de seda en verano y en invierno de pana y terciopelo, con estola de piel y todo.
Bueno, para qué hablarles de lo que pasó hace ya tanto tiempo. Yo vivo sobre la calle 15 de Agosto, en Asunción. Éramos tres hermanitos, a cada uno se lo llevaron a otras casas. No supe nada más de ellos; papá murió muy joven y la pobre mamá no pudo aguantar una operación de apendicitis, también se nos fue.
En la vecindad viven otros perros. Algunos que apenas asoman las narices a la tardecita, justo en el umbral de las casas.
Les quiero mostrar a DOLKY. ¡Es de creído! Siempre perfumado y con la cola lustrada. Y, ¡qué les digo de TURRINA! ¡Esa sí que es una bataclana! ¡Usa pollerita de lana cuando hace frío! ¡Qué risa!, y todavía es a cuadros y, encima, ¡tableada! Como tiene las piernas finas… y es bastante…, ja, ja, ja… ¡Me muero de risa! ¡Qué bataclana! ¡Parece una cigüeña regordeta!
Pero si lo conocieran a RAQUI, ese es un perro de verdad. Les digo que es flaquito, peladucho, pero macho. Nos fuimos a la misma escuela durante seis años, ustedes saben lo que es eso, todos los días me tocaba el timbre, un ladrido y yo salía. Íbamos al trote a la escuela. Éramos tan socios y en casa nunca lo supieron. ¿Qué? Se lo voy a contar. No dejamos un timbre sin sonar en cada casa. Cuadra por cuadra y si no había timbre, ladraba Raqui o Yo, pero si aún nos antojaba ladrábamos a dúo. Y lo hacíamos tan bien. ¡Qué risa!
Un día nos llevamos tal susto, nos pareció que nadie estaba en la casa. Es de esas que tienen jardín adelante y con ligustrina con muro.
— Guau…, guau…, guau… — dijo Raqui.
— Guau…, guau…, guau… — dije Yo.
Nada. Silencio. Entonces nos dispusimos a entrar a explorar la casa. Claro, ese día hacíamos la rabona. En la escuela, nadie lo sabría, creíamos nosotros. Bueno, yo di un empujón con la cola. No se abrió. Raqui lo hizo con la cola, en honor a la verdad, la tiene tan grande. Pero, tampoco… Bueno, me dijo Raqui, ¡tengo una idea genial! Ahora, contemos hasta tres y nos largamos sobre el portón. Y, ¡zas!, ¡se abrió de par en par el portón! Entonces Raqui se adelantó husmeando y Yo le iba siguiendo. La verdad es que Yo le tenía fe a Raqui. Recorrimos la casa, primero la planta baja. ¡Qué living! ¡Qué comedor! Y luego la cocina. Allí abrimos la heladera, comimos salchichas y, como postre, ¡un asado helado! Cuando estábamos en lo mejor, sentimos llegar unos ladridos de perros que se dirigían hacia el patio.
— ¿Qué hacemos? — Le dije a Raqui, y como él era una máquina calculadora para salir de apuros.
— Tranquilo —me dijo, mientras esos ladran por el patio, nosotros salimos por el living… (continuará)
Actividades
1. Comentamos las ventajas que plantean las anécdotas para el desenvolvimiento de la expresión oral y escrita.
2. Controlamos que se den las condiciones para que se desenvuelva normalmente la serie de narraciones basadas en las anécdotas.
3. Leemos la primera parte del cuento presentado en esta edición y la utilizamos como disparadora de otras historias similares o independientes que se irán narrando a continuación.
4. Se aclaran los significados de los vocablos nuevos o que plantean dificultades de comprensión lectora.
5. Se proponen pronósticos de finales varios al cuento escuchado.
6. Se concluye acerca de las ventajas que ofrecen las anécdotas para el desenvolvimiento oral.
