Agricultura y producción con ética

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Nuestro reto es educar para la sustentabilidad, “construir comunidades ecológicamente sustentables, diseñadas de tal modo que sus instituciones y tecnologías no interfieran la capacidad inherente a la naturaleza para mantener la vida” (Fritjof Capra)

1. La ética consistente en el cuidado de la tierra y de las personas poniendo límites a la población y al consumo.

Para ello, debe tomarse conciencia de la responsabilidad de nuestras vidas y la necesidad de cooperar. No somos los únicos seres del planeta, así que es necesario aprender a vivir en armonía con las otras especies existentes y cuidarlas, porque la continuidad de nuestra vida depende de manera directa del aporte que ellos hacen al planeta.

2. Observar los sistemas naturales y respetar los principios ecológicos buscando un consumo consciente. Como consumidores debemos asumir un compromiso con el ambiente. Reducir el consumo cotidiano de los recursos naturales y de productos cuyo proceso de elaboración o sus residuos son nocivos. Alimentarnos sanamente, variando los productos para obtener la cantidad adecuada de vitaminas, minerales, proteínas, etc., para así disminuir la necesidad de consumir medicinas para complementar la alimentación.

3. Usar y crear herramientas que puedan construirse con materiales que abundan en la región. Diseñar procesos observando conscientemente los ciclos naturales, características de la región y tipos de elementos de los que pueda disponerse con facilidad, de modo que las técnicas planificadas puedan ser implementadas y mantenidas con un mínimo de recursos.

Consecuencias del mal uso de la tierra

• Aumento de la temperatura

• Cambios en los ciclos naturales

• Aumento de la intensidad de los periodos de sequías y tormentas

• Deshielo de los polos

• Aumento del nivel del mar

• Pérdida de tierras fértiles

• Disminución de lugares habitables

• Aumento de damnificados por desastres naturales

¿Qué podemos hacer desde la huerta de la escuela y de la casa?

• Respetar la naturaleza adaptando los cultivos a los sistemas naturales preexistentes.

• Leer e informarse sobre los productos que agregamos al suelo.

• Cultivar solo variedades correspondientes a cada estación para obtener un buen producto sin necesidad de forzar la tierra.

• Labrar lo menos posible la tierra (no voltearla) para mantener a salvo la vida de los microorganismos.

• No usar herbicidas para eliminar los yuyos o “malezas” porque contaminan la tierra y la fertilidad del suelo disminuye.

• No eliminar los yuyos indiscriminadamente porque estos protegen el suelo de la erosión, mantienen la humedad necesaria, colaboran con los microorganismos del suelo y le aportan nutrientes ayudando a la fijación de los minerales.

• Regular el agua de riego del cultivo aplicando solo la necesaria.

• Producir solo lo que consumimos o esperamos comercializar.

• Utilizar solo compost y humus de lombriz como fertilizante.

• Elaborar insecticidas orgánicos y usar métodos de control no dañinos, poniendo en práctica la rotación y asociación de cultivos.