Anécdotas de grandes escritores

Este artículo tiene 13 años de antigüedad
Imagen sin descripción

Los genios de la literatura, esos que escriben los cuentos que tanto nos agradan o las poesías de las que decimos «es justo lo que yo siento», también tenían manías y metidas de pata. Escogimos algunas que nos gustaría compartir contigo.

El poeta romano Virgilio se gastó el equivalente a 1.125.000 dólares actuales en el funeral de su mascota, que era una mosca. Alquiló una orquesta, pagó los servicios de las plañideras (lloronas) y la mosca fue enterrada en una tumba especialmente construida.

2. La próxima vez que no entiendas un poema…

Las rosas resfriadas mueren en la destornillada tarde

del beso hierático de un adiós azul, luengo y uniforme

torpe yo que bebo abrazos de cartón.

El poeta Dylan-Thomas, autor de estos versos, decía de sus poemas que «no los entiende ni mi madre».

También refieren que Federico García Lorca escuchó una vez recitar un verso de Rubén Darío:

Que púberes canéforas te ofrenden el acanto...

Y el poeta español se puso de pie y dijo: «A ver, otra vez, por favor, que solo entendí el “que»… Y eso que era García Lorca...

3. La correspondencia más corta de la historia

Cuentan que el escritor Víctor Hugo se encontraba de vacaciones y quería saber qué tal iba la edición de su novela Los miserables. Escribió a su editor poniéndole: «?». Recibió como respuesta: «!».

4. Sueño profético

El poeta alemán Moritz Von Arndt tuvo una noche un sueño en el que veía su tumba con una inscripción: «Muerto a los noventa y un años de edad». Murió treinta y cuatro años después, el día de su 91º cumpleaños.

5. De la ficción a la realidad

A finales de 1898, el escritor inglés Morgan Robertson publicó una novela en la que se narraba la historia de un barco inaugural a prueba de todas las tempestades que, sin embargo, se hundía al chocar con un iceberg. Los pasajeros de la nave eran aristócratas dispuestos a disfrutar de un viaje de placer. El barco de la novela se hundió, según narraba su autor, en el mes de abril y su nombre era Titán. El nombre de este libro es Futilidad. 14 años después zarpaba el Titanic, repleto al igual que en la novela de aristócratas y nobles, un barco que jamás se hundiría; sin embargo, un iceberg hizo de este barco una leyenda. Coincidió también en el mes abril y en la cantidad de fallecidos de la travesía.