* No me des todo lo que te pida. A veces solo pido para ver cuánto puedo tomar.
* No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar a mí también, y yo no quiero hacerlo.
* No des siempre órdenes. Si en vez de órdenes a veces me pidieras las cosas, yo lo haría más rápido y con más gusto.
* Cumple las promesas, buenas o malas. Si me prometes un premio, dámelo; pero también si es castigo.
Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy
* No me compares con nadie, especialmente con mi hermano o hermana. Si me haces lucir mejor que los demás, alguien va a sufrir; y si me haces lucir peor que los demás, seré yo quien sufra.
* No cambies de opinión tan a menudo de lo que debo hacer; decídete y mantén esta decisión.
* Déjame valerme por mí mismo. Si tú haces todo por mí, yo nunca podré aprender.
* No digas mentiras delante de mí, ni me pidas que las haga por ti, aunque sea para sacarte de un apuro; me haces sentir mal y perder la fe en lo que me dices.
* Cuando yo hago algo malo, no me exijas que te diga por qué lo hice. A veces ni yo mismo lo sé.
* Cuando estés equivocado en algo, admítelo y crecerá la opinión que yo tengo de ti. Y me enseñarás a admitir mis equivocaciones también.
* Trátame con la misma amabilidad y cordialidad con que tratas a tus amigos; pues que seamos familia no quiere decir que no podamos ser amigos también.
* No me digas que haga una cosa que tú no haces. Yo aprenderé y haré siempre lo que tú hagas, aunque no lo digas; pero nunca haré lo que digas y no lo hagas.
* Enséñame a amar y a conocer a Dios. No importa si en el colegio me quieren enseñar; porque de nada vale si yo sé que tú ni conoces ni amas a Dios.
* Cuando te cuente un problema mío, no me digas: “No tengo tiempo para boberías” o “Eso no tiene importancia”. Trata de comprenderme y ayudarme.
* Y quiéreme y dímelo. A mí me gusta oírtelo decir, aunque tú no creas necesario decírmelo.
Vivir con Cristo (padre Martín Weichs, svd)
Recordemos
No existió, no existe ni existirá una escuela en donde nos enseñen a los padres y a las madres a ser lo que somos: PAPÁ y MAMÁ.
Es una tarea tan difícil, tal vez el desafío más grande que Dios nos puso en el camino como su plan de amor principal.
No podemos pretender que los hijos nos entiendan, pues a ellos todavía les falta mucho para ser padres; pero sí, los padres podemos entender a los hijos, pues en un momento de nuestras vidas fuimos hijos y también tuvimos padres, que cuando acudíamos a ellos nos decían “No tengo tiempo”.
Padres y madres: no pongamos de excusa “No puedo dejar mi trabajo, por tanto no iré a la reunión o a atender un clamor de nuestros hijos”. Recuerden que si perdemos el trabajo, podremos volver a conseguirlo; pero si perdemos a nuestros/as hijos/as, ya no podremos recuperarlos.
