Comenzar por el «principio»

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Desde que el mundo es mundo, de una u otra manera, los valores rigen en el comportamiento humano. Por lo tanto, es esencial que los valores que se elijan y persigan en la propia vida se correspondan con la realidad, es decir, que sean verdaderos.

Solo los valores verdaderos pueden conducir a las personas a un desarrollo pleno de sus capacidades naturales. Es importante que eduquemos a los niños a través de los valores para que aprendan a practicar algunas conductas y comportamientos que les ayudarán tanto en su entorno familiar como escolar. Valores como la amistad, comprensión, tolerancia, paciencia, solidaridad, honestidad y el respeto son esenciales para un desarrollo sano de la niñez. En el terreno moral, un valor será verdadero en función de su capacidad para hacer más humano al ser humano.

Las cosas que son valiosas

Desde los inicios de la humanidad, para el ser humano siempre han existido cosas valiosas: el bien, la verdad, la belleza, la felicidad, la virtud. No obstante, el criterio para darles valor ha variado a través de los tiempos. Lo que es «valioso» para unos no lo es para otros; eso dependerá de los «principios» que les fueron inculcados por sus padres, maestros, la iglesia, entre otros.

Y ¿qué son los principios?

Son «normas o ideas fundamentales que rigen el pensamiento o la conducta» de una persona (DRAE). Estos principios no los cuestionamos, pues forman parte de la esencia misma del criterio y de la conciencia individual. Es como un chip que tenemos incorporado en el que está todo lo que nos enseñaron: qué está bien y qué está mal.

Así también, los valores proceden de los principios que todos recibimos en nuestra niñez: en la familia, la escuela, la iglesia y la sociedad.

Un principio: la dignidad

El valor del ser humano es de un orden superior con respecto al de los demás seres del cosmos. Y a ese valor se denomina «dignidad humana». La dignidad propia del ser humano es un valor singular que fácilmente puede reconocerse. Lo podemos descubrir en nosotros o podemos verlo en los demás. Pero ni podemos darlo, así como tampoco quitárselo a alguien. Es algo que nos viene dado. Es anterior a nuestra voluntad y reclama de nosotros una actitud proporcionada, adecuada: reconocerlo y aceptarlo como un valor supremo (actitud de respeto) o bien ignorarlo o rechazarlo.

Principio de la igualdad: todos los seres humanos son iguales, con los mismos derechos y obligaciones; y con la igualdad surgen otros principios, como el respeto: «no hagas a otro lo que no quieras que te hagan a ti», por ejemplo, o la tolerancia, la no discriminación, solidaridad, entre otros.

Fuente

RODRÍGUEZ CARRILLO, Silvia M. (2011). Formación ética y ciudadana. 8. º grado. Asunción: Vazpi SRL.