La segunda infancia comprende desde los tres a siete años. En este periodo, el niño aprende a cantar, amplía su lenguaje, saborea narraciones, manipula ciertas herramientas, va tomando conciencia de los otros niños, se afianza en los juegos sociales. Tiene a sus padres en la cúspide.
Cuando el niño va al preescolar desarrolla su autonomía, que le permite desprenderse más de sus padres y valerse por sí mismo. El docente tiene una grandiosa responsabilidad, pues dependerá de los mecanismos y técnicas que utilice la concreción de un buen aprestamiento.
Esta etapa además va marcada por el proceso de resolución del complejo de Edipo (desenvolvimiento de los órganos sexuales y la atracción sexual de los niños hacia los padres), el periodo de latencia (reorganización general de los afectos del niño) y el progreso de socialización (en la escuela y amigos), tan fundamental que padres y docentes manejen la psicología infanto-juvenil.
La pubertad
Se caracteriza por la maduración de las glándulas sexuales (su inicio), marcando la fase final de la infancia. En este proceso el púber va experimentando situaciones de tensión e inestabilidad por los conflictos internos de origen inconsciente.
A la edad de trece a catorce años alcanza el punto culminante de su desarrollo, el púber es casi un adulto encontrando equilibrio y madurez.
ACTIVIDADES
Se recomienda abordar en “Escuela para padres, madres, tutores”:
- la familia como escuela de formación
- derechos y obligaciones de padres y niños
- cuidados pre- y posnatales
- salud y medioambiente
- inmunizaciones
- higiene, salud y nutrición del infante.
“Si todo lo que tiene vida se descuida, muere, incluye los sentimientos” (Anónimo)
