Sabemos que la madre se halla expuesta a muchas situaciones en la etapa prenatal como las enfermedades infecciosas (rubeola), polución ambiental, que pueden afectar seriamente al feto produciendo en él deformaciones. Es preciso entrenar a la futura madre desde la arista educacional, creando espacios de integración y empoderamiento mediante proyectos interinstitucionales, distritales, departamentales.
Primera infancia
Abarca desde el nacimiento hasta los tres años. El recién nacido experimenta la pérdida del calor materno y el cambio a un ambiente nuevo (luz, ruido, movimientos) al que irá acostumbrándose progresivamente. Aquí se dan los reflejos de supervivencia y primitivos, como respiración, succión, sobresalto, palmar. Puede discriminar sabores dulces, amargos, salados y agrios. Se siente atraído por algunos olores agradables como el de la madre que lo amamanta. El periodo neonatal termina en el primer mes de vida y en este corto lapso son varios los acontecimientos que se suceden en su vida.
Hacia los cuatro meses, la mayoría de los niños ya duplicaron su peso, balbucean y sonríen satisfechos ante estímulos agradables. Los reflejos son reemplazados por acciones voluntarias. Descubren sus manos y sus dedos, mejoran la agudeza visual.
A los ocho meses, casi todos los infantes pueden pasarse objetos de una mano a otra. Se sientan solos. Van asimilando con rapidez los juegos sociales y a los doce meses pesan el triple de lo que pesaban al nacer.
A medida que se da el proceso evolutivo en el niño, va desarrollando su lenguaje; recordemos que el niño imita lo que oye y que es fundamental hablarle con claridad para que vaya construyendo una cultura lingüística trascendente. Le agradan los juegos con actividades manuales y musculares. Controla sus esfínteres. Se afirma la conciencia de sí mismo al final de la primera infancia.
En la próxima edición seguiremos abordando el tema “Desarrollo y crecimiento del infante”.
