Existía en un país muy parecido al tuyo un picaflor que habitaba en un anillo encantado. Era este un anillo que además de poseer una extraordinaria hermosura tenía la particularidad de conceder deseos.
Vivía en él un extraño picaflor que cambiaba de tamaño misteriosamente; se empequeñecía para anidar en él mientras dormía, y recobraba su tamaño natural cuando alguien expresaba algún deseo.
En una ciudad lejana de aquel país peculiar vivía una niña, a quien un hada misteriosa quiso premiar por su bondad regalándole ese anillo encantado. Cuando se lo dio le hizo esta advertencia:
—Este anillo tiene el poder de conceder deseos; puede ofrecerte cuanto quieras, todo lo que se te ocurra, menos picaflores. Por eso te ruego que seas prudente y nunca le pidas un picaflor.
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La niña, muy contenta, le prometió que jamás pediría picaflores, y sin esperar más se puso el anillo.
Esa tarde salió a recoger mazorcas de maíz en los sembrados de su padre, y como tenía mucha sed decidió probar los poderes de su anillo, pidiendo un poco de agua. Al instante apareció entre sus labios un vaso de cristal y se bebió su límpida frescura.
Al día siguiente, cuando vio unas flores muy bonitas del otro lado del arroyo pidió para llevárselas a su madre. De inmediato, las flores volaron alegremente hasta su falda convertidas en coqueto ramillete.
La niña no cabía en sí del asombro. Poseía un anillo maravilloso y desde ahora todo sería posible para ella. Entusiasmada empezó a expresar un deseo tras otro. Pidió tantas muñecas que ya no entraban en sus estantes; tantos vestidos que no tenía ocasión de ponérselos; tantos helados que se derretían sin darle tiempo a saborearlos.
Sobre el libro
Título: El anillo encantado
Autora: Renée Ferrer
Editorial: Intercontinental
