El enfoque Reggio Emilia (1)

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«Los niños tienen 100 maneras de expresarse, nosotros les robamos 99», Loris Malaguzzi.

Este innovador enfoque pedagógico surgió en Italia al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en una pequeña comunidad de donde adopta su nombre Reggio Emilia. Loris Malaguzzi, periodista y educador, es considerado el creador de este método. Su pedagogía se basa en la escucha, entendida esta no solo como recibir estímulos auditivos, sino la habilidad de entender al niño en sus cien lenguajes, que para Malaguzzi son las cien maneras diferentes que tienen los niños para expresarse.

«El niño tiene cien lenguajes, cien manos, cien pensamientos, cien formas de pensar, de jugar y de hablar, cien siempre cien formas de escuchar, de sorprender, de amar, cien alegrías para cantar y entender».

En este enfoque, el niño es considerado como un ser lleno de potencialidades que, en un ambiente propicio, donde los proyectos surgen de su propio interés, es capaz de crear su propio aprendizaje. Rompiendo con la educación tradicional, esta propuesta pedagógica se asienta sobre principios que lo configuran como una alternativa educativa innovadora y muy válida sobre todo para la primera infancia.

En una entrevista realizada a Loris Malaguzzi y recogida por investigadores estadounidenses que publicaron un libro en 1999 en el cual recopilaron los principales aportes de esta práctica, afirma que no se garantiza que este modelo cree niños más inteligentes, pero sí asegura que los principios desarrollados por este dan al niño herramientas que son como monedas que puedan guardarlas en sus bolsillos y a lo largo de su vida las saquen y las gasten cuando así lo necesiten.

Remontándonos en el tiempo, al finalizar la Segunda Guerra Mundial, las viudas de la guerra se ocuparon de crear los primeros «nidos» que eran como una especie de jardín maternal en Italia. Así, iniciaron la reconstrucción de la ciudad, comenzando por la educación e involucrando a padres, maestros y habitantes de esta comunidad, lograron implementar una educación cuyo principal objetivo era que los niños olvidaran los traumas de la guerra.

Atraído por esta historia, Malaguzzi se trasladó a Reggio Emilia con el fin de realizar una nota periodística, sin embargo, queda tan impactado por esta fascinante experiencia que decide fijar allí su residencia y se convierte con el tiempo en el principal generador y creador de esta visión educativa distinta y renovadora.

«Las cosas de los niños y para los niños se aprenden solo de los niños».

En los nidos o jardines de infantes, los niños estaban en manos de excelentes educadoras, muy motivadas y con gran vocación de servicio. Un punto a tener en cuenta es que la formación de las educadoras provenía de escuelas de magisterio privadas con un pensamiento muy abierto, ambicioso y lleno de energía. En un primer momento la situación después de la guerra fue realmente muy dura, la mayoría de los niños estaban desnutridos y con una salud muy precaria.

Hoy en día, los jardines Reggio figuran entre los diez mejores centros educativos del mundo, según la Unesco. Para dar a conocer la propuesta se creó en 1994, Reggio Children, Centro Internacional que fue fundado para la defensa y el desarrollo de los derechos y potencialidades de los niños y niñas.

«Si se hacen cosas reales, también son reales sus consecuencias».

Fuente: Reggio Children. https://www.reggiochildren.it/