El ensayo como género discursivo (1)

Este artículo tiene 7 años de antigüedad
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Actividad 1

Lee la información teórica acerca del ensayo como género discursivo.

La palabra ensayo proviene del verbo «ensayar» que significa probar. El filósofo francés Miguel Montaigne (1533-1592) lo utilizó y le dio el nombre con el que ahora lo conocemos.

Este tipo de escrito tiene una parte objetiva y otra subjetiva, aunque van en forma paralela, pues, por un lado es fruto de una investigación o de lecturas previas que permiten relacionar los hechos (por eso es científica) y, por otro, es la manifestación crítica y juiciosa del autor (de los alumnos en este caso) sobre el tema o sobre la obra analizada. Es decir, se escribe sobre una postura o visión particular, pero con rigor en las fundamentaciones y el proceso de redacción.

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Las partes del ensayo son:

a. La introducción: se plantea el tema y la postura o tesis que se sostendrá.

b. Desarrollo: se brindan los argumentos a favor o en contra. Los argumentos deben estar sostenidos por pruebas, citas, analogías, entre otros.

c. Conclusión: aparecen las principales ideas defendidas a lo largo del ensayo en un enunciado final.

Las figuras retóricas del ensayo

Sentencia: es un dicho breve y enérgico que encierra una enseñanza profunda.

Gradación: se colocan las ideas en forma ascendente o descendente.

Antítesis: contrapone unos pensamientos a otros.

Interrogación: una pregunta de la que no se espera respuesta, sino expresar indirectamente una afirmación.

Metáfora: sustitución de un elemento por otro con el cual tiene relación de significado.

Ironía: enunciado que significa lo contrario de lo que expresa.

Hipérbole: exagera una verdad.

Actividad 2

Lee con atención la primera parte del ensayo de Jorge Majfud.

La enfermedad moral del patriotismo

1. Natural es todo aquello que inventaron los hombres y las mujeres antes que naciéramos nosotros; toda mentira que no cuestionamos es necesariamente una verdad. Una mentira útil nunca sirve al engañado, sino al que engaña. Una mentira útil, un instrumento de la perversión inhumana, es el patriotismo.

2. Por todos lados vemos inflamados discursos patrióticos, actos públicos, guerras y matanzas, ofensas y contraofensas, ceremonias de honor y ritos solemnes impulsados por esa orgullosa y arbitraria discriminación que se llama patriotismo. Claro, no se pueden montar discursos en nombre de los intereses de una clase social, ya que la tradición no es suficiente para sostener un concepto moralmente insignificante y, generalmente, negativo, como lo es el concepto de «interés». Por lo tanto, se apela a un concepto de larga y bien construida tradición positiva: el patriotismo. Con ello, se niega la división interna de la sociedad afirmando la división externa. La división interna —de clases, de intereses— no desaparece, pero se vuelve invisible y, a la larga, se consolida con la sangre del patriota que no pertenece al reducido círculo de los intereses que la promueven. El patriota muere religiosamente por su patria. Su patria concede medallas a sus padres, a sus hijos, y toda la seguridad a sus «intereses». Así, morir es un honor. El honor no procede de una reflexión moral, sino del discurso patriótico, del rito, de los símbolos nacionales, de una virtual trascendencia del individuo en la «salvación» de su patria.

3. No voy a entrar ahora a analizar el significado de la trágica sustitución de interés real por patriotismo interesado. Simplemente me bastará con anotar que solo la idea de «patriotismo» es insostenible, desde un punto de vista humano, desde la conciencia de la especie a la que pertenecemos. Es más: el patriotismo no solo es insostenible para cualquier humanismo, sino que se lo usa para destruir a una humanidad que busca, desesperadamente, su conciencia universal.

4. El sentimiento patriótico es pasivo y activo, es impulsado por los ritos, los discursos y las ceremonias. Pero también es el motor de todas ellas. El patriotismo es la conciencia egoísta de la tribu que le impide la evolución a un estado de conciencia universal: la conciencia humana. El patriotismo es uno de los mitos más consolidados desde los últimos siglos. Por naturaleza, el patriotismo no solo es la confirmación casi inocente de la pérdida de individualidad en beneficio de un símbolo artificial, creado por la milenaria tendencia humana del dominio de una tribu sobre las otras.

5. Ahora bien, podemos decir que un país puede ser una región cultural más o menos definida —y siempre imprecisa—; que la idea de país tiene ventajas en la organización administrativa de la vida pública. De acuerdo. Pero el reclamado sentimiento patriótico, mezcla de fanatismo religioso y utilidad secular, antes que nada es la negación de todos los pueblos que no incluyen al patriota. Si soy nacionalista, si soy patriota, estoy dando prioridad moral a un conjunto de hombres y mujeres desconocidas (mis compatriotas) sobre un conjunto más amplio de desconocidos (la humanidad). Puedo beneficiar a mi familia, mi ciudad, mi país en alguna decisión propia. De hecho, siempre tendremos tendencia a beneficiar a nuestra familia antes que a la familia del vecino…

(…)

(Esta clase aparecerá en dos presentaciones. Ver la continuación el martes 4 de setiembre).

Observación: el título correcto de esta página correspondiente al martes 14 de agosto es El texto expositivo.

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