El sacristán de Villarrica (1)

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Es hora de conocer un poco acerca de la historia de nuestro país a través de este interesante relato escrito por Fulgencio R. Moreno.

Para entender esta historia, hay que situarse en la época en la que transcurre y saber lo que es un dictador.

Bueno, pues: un dictador es uno que hace lo que se le da la gana, sin importarle la opinión ni el bienestar de los demás.

Se guía solo por sus antojos o propios intereses y le importa un comino lo que piensen o sientan los demás.

A veces, esta clase de persona llega a ser la cabeza que dirige un país… y se arman grandes desastres.

En el nuestro ocurrió eso varias veces.

La primera fue cuando lo dirigió el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, que es cuando transcurre esta historia.

No es que este señor no haya hecho nada bueno. ¡Hizo muchas cosas buenas! Pero otras le dieron bastante mala fama.

Por ejemplo, en lo que tiene que ver con esta historia, se autonombró cabeza de la iglesia en Paraguay.

Hecho que ahora nos parece bastante absurdo, pero, por lo visto, en esa época fue posible hacerlo. Y Francia lo hizo.

Para algo era el supremo dictador, ¿no?

Además, por ser dictador, disponía de la vida y hacienda de las personas, ni sacerdotes, ni obispos —ningún eclesiástico— gozaba de prerrogativas ni tratos preferenciales.

Así fue como cometió muchas crueldades con aquellos que no quisieron contar lo que les dijo en confesión algún moribundo, o alguien a quién Francia consideraba enemigo.

Una ventaja que le daba el poder supremo, también en la iglesia, era la de que podía manejar las recaudaciones que se hacían en los templos.

Esto se hacía a través de los sacristanes constituidos por el doctor Francia en agentes del tesoro público. Eran como recaudadores que anualmente debían rendir cuenta de lo percibido en las iglesias.

El dictador les daba más importancia que a los propios curas párrocos.

Así también, estaban más expuestos a las peligrosas iras del dictador si este sospechaba alguna falla en la administración de lo que consideraba propiedad del tesoro público.

Sobre el libro

Título: El sacristán de Villarrica

Adaptación: Raúl Silva Alonso

Editorial: El Lector