El viaje de Niñasol

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¡Por fin vamos a conocer el final de esta historia llena de fantasía!

Desde entonces, todos los días ella iba a enseñar, a aprender cómo se juega a la magia.

Era tan pero tan buena que la directora le regalaba todos los días siete gotitas de miel. Los animales les revelaban el lenguaje de las maravillas y la verdad…casi no sabía qué enseñarles. Conocían los secretos de la naturaleza a las mil maravillas. Las plantas brotaban, daban frutos semillas, perchas para los nidos. Los pájaros ponían huevos de todo tamaño y color, escribían garabatos en el viento.

Pero un día el rey de Cieloclaro le pidió que se fuera. Que la estaba esperando con la casa preparada. La gente también la esperaba.

—Mamá, me tengo que ir, le dijo a la mamá Julia.

—Justo ahora que estoy vieja, hijita.

—¡Qué vas a ser vieja!, solo te parece.

—Bueno. La verdad es que cuando llama un rey… Los reyes suelen ser malos. Saben mandar y pedir todo lo que quieren sin importarle nada de nadie. Creen que el país es el patio de su casa y que pueden ensuciarlo y pisotearlo.

—No todos los reyes, mamá.

Entonces preparó las valijas. Se puso un vestido blanco, un sombrero de paja con flores amarillas. Zapatos y cartera de cuero plateado. No anunció su viaje pero no hubo necesidad porque el mundo entero se volcó en el andén de la estación.

Fue un domingo 7 de enero. Eran las 11. El cielo parecía de algodón pintado y el sol un remolón de cara colorada.

Hizo su aparición el tren blanco de la felicidad. Desde las ventanillas saludó gente blanca, amarilla, negra, cobriza, y hasta roja si se quiere.

Niñasol estaba invisible entre tanta despedida. Besos. Muchos besos. Recomendaciones. Saludos.

La golodrina,la abeja, la araña, la lechuza, el búho, la libélula, la directora de la escuela, las compañeras, mamá Julia, tía Teresa, María del Carmen, Lucho, tío Niní, tía Rosa y…qué lista.

El tren silbó en el aire. Sacó su pañuelo de humo blanco y empezó la marcha. Niñasol apareció más hermosa que la hermosura. Delgadita, alta, con su alegría y sonrisa fina. Alzó las manos donde brilló un adiós de caramelo. Se fue.

¡Qué bien se está en la escuela de Cieloclaro!Ñiñasol era una maestra del amor hermoso para los ángeles bellos. No enseñaba el abecedario ni los números. En ese país solo es preciso el amor. Niñasol lo tiene a mares y por eso canta, juega a la ronda mientras calle y plaza y monte y río se alumbran con la divina mano que Dios alza para el mundo.

Sobre el libro

Título: El viaje de Niñasol

Autora: Maria Luisa Artecona de Thompson

Editorial: Centro Editorial Paraguayo SRL