Siete principios básicos de neuroeducación en el aula (1)
1. Las experiencias que vivimos cambian nuestro cerebro durante toda la vida
Nuestro sistema nervioso tiene la capacidad de modificarse y ajustarse a los cambios. Esta propiedad intrínseca, conocida como neuroplasticidad, y que permite formar nuevas conexiones neuronales y fortalecer o debilitar otras ya existentes, es la responsable de que el cerebro esté remodelándose y adaptándose continuamente a partir de las experiencias que vivimos, y de que podamos aprender durante toda la vida. En este proceso resulta imprescindible ir vinculando la nueva información con los conocimientos previos del alumnado, para ir consolidando las memorias y fomentar la necesaria mentalidad de crecimiento, tanto en la escuela como en la familia.
2. El cerebro no finaliza su maduración hasta pasada la adolescencia
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Gracias a los avances de la tecnología, hoy en día es posible estudiar el cerebro a través de las neuroimágenes que, en los últimos años, han revelado que durante la adolescencia se produce una gran reorganización de las redes neurales, lo cual conduce a un funcionamiento cerebral diferente del que se da en la infancia o la vida adulta. El cerebro del adolescente no es el cerebro envejecido de un niño ni el de un adulto en proceso de formación; simplemente, opera de forma singular. Este periodo, en el cual el cerebro es tremendamente plástico, constituye una oportunidad fantástica para el aprendizaje, el desarrollo de la creatividad y el crecimiento personal del alumnado.
3. Aprendemos todos de manera diferente
Como cada una de nuestras experiencias tiene un impacto singular, la plasticidad hace que cada cerebro sea único. Además, el ritmo de aprendizaje y maduración cerebral es singular, más allá de ciertos patrones de activación similares. En la práctica, constituye una auténtica necesidad educativa y social que puedan aprender juntos estudiantes totalmente diferentes, porque eso es lo que ocurre en la vida cotidiana.
En las aulas que intentan atender la diversidad se crean nuevos espacios de aprendizaje, se priorizan los ritmos de aprendizaje de los estudiantes por encima de los calendarios escolares, se coopera —a todos los niveles—, se aprende de forma activa y fomenta la autonomía del alumnado al hacer que se responsabilice de su trabajo. No es una clase convencional que incorpora alumnos con necesidades específicas o con discapacidades, sino una en la que conviven y aprenden personas diferentes, sin excepción. Cuando se acepta la diversidad en el aula, se reconocen y aprovechan los puntos en común y las diferencias, y se asume con naturalidad que podemos desenvolvernos bien en algunas materias y no tanto en otras.
Fuente: SIGMAN M. 2018. Consejos para conocer nuestras formas de aprender. I Congreso Internacional de Neuroeducación. Barcelona.
