La tetera respetada (adaptación)

Este artículo tiene 10 años de antigüedad
Imagen sin descripción

Vamos a compartir la obra ganadora del primer premio de cuentos para menores, versión 2008 de la Cooperativa Universitaria.

Había una vez una tetera muy respetada por todos. La trataban así porque daba consejos y cuando decía algo siempre sucedía. Vivía en el barrio de la mesa junto con su hija llamada Tacita. La señora Tetera siempre la aconsejaba a ella y a su amiga, Cucharita, para que no se acerquen tanto al borde de la mesa.

Un día, mientras Tacita y Cucharita estaban jugando, Tacita se acercó mucho al borde y, sin darse cuenta, resbaló y cayó al piso.

Tacita, asustada, gritaba porque se le acercaban todos los insectos y microbios; Cucharita pidió socorro a la señora Tetera, y esta se desesperó porque no podía bajar.

Todo ese escándalo llegó a oídos del doctor Manteca, quien rápidamente decidió ir para allá. Él ató una cuerda a su plato y bajó al suelo a rescatar a Tacita.

Luego le hicieron algunos exámenes y vieron que estaba fuera de peligro. Al día siguiente, Tacita se sintió mejor y prometió no ser tan desatenta al jugar en la mesa. Todo el barrio se enteró de esta historia y por eso decidieron ir a consultar con la señora Tetera cómo eliminar los microbios.

Lo que ella les dijo fue muy simple: solamente estar limpios y bien secos.

Todos hicieron lo que la señora Tetera les dijo y así ya no hubo ningún enfermo en el barrio de la mesa, y podían disfrutar siempre de estar bien sanos y fuertes para soportar cualquier tipo de café caliente.

Al día siguiente, unos turistas de villa Heladera fueron a conocer el barrio. Tacita, como era amistosa, decidió ir a mostrarles el lugar, y cuando dio la manija a los turistas sintió un frío que le hizo cosquillas, sonriente empezó a mostrar a los turistas el lugar.

De repente, Tacita se dio vuelta porque sentía algo mojado y vio que el señor Helado se estaba derritiendo.

Todos los miembros del barrio ayudaron a llevar al señor Helado al congelador y lograron mantenerlo frío. El señor Helado agradeció la ayuda y les dijo que cuando esté bien congelado y sin riesgo de derretirse iba a volver a visitarlos otro día.

Al día siguiente, apareció de sorpresa el señor Helado y su comitiva. La señora Tetera los invitó a merendar y ellos aceptaron.

Luego de la rica merienda, el señor Helado junto con los de villa Heladera volvieron a su casa; todo el lugar quedó muy sucio y desordenado, y el barrio completo se puso a limpiar.

La gruñona señorita Mermelada empezó a quejarse de los turistas porque eran muy desordenados. La señora Tetera le decía que no importaba —¡solo se limpia y ya!—. Pero Mermelada se seguía quejando, por eso la señora Tetera le explicó que lo importante era hacer buenos amigos en todos los lugares, y la señorita Mermelada entendió.

Cuando ya se fueron a su casa, Tacita y la señora Tetera se tiraron a la cama porque estaban muy cansadas. Tacita recordó todo lo sucedido y dijo: «Cuando sea grande, quiero ser como mi mamá, “La tetera respetada”».

Sobre el libro

Autora: Sofía Aranda Simbrón

Título:  La tetera respetada

Editorial: El Lector