Las fiestas de fin de año

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Cuando llega el fin del año escolar es momento de revisar el trabajo realizado a lo largo del mismo para confirmar los logros obtenidos y tener una clara visión de aquello que puede ser mejorado para que los resultados sean aún mejores. Este receso de verano es ideal para hacer esos planteamientos y regresar el año próximo con más entusiasmo y optimismo.

En el tiempo que duran las vacaciones de verano tenemos fechas importantes para la tradición, como son las fiestas de fin de año: la Navidad y el inicio del Año Nuevo.

Estas son fechas especialmente importantes para la vida familiar y social, ya que son usadas como motivo para reunirse, compartir la cena o el almuerzo, visitar a los parientes y amigos o salir en grupos para realizar actividades recreativas.

En la tradición paraguaya, uno de los aspectos más importantes de estas fechas son la compra y preparación de los alimentos y bebidas que serán consumidos en el almuerzo y la cena compartidos con los seres queridos.

Si bien es cierto que todos deseamos deleitarnos con algún plato especial en esas fechas, es importante concentrarse en lo significativo y no dejarse llevar por el consumismo, que conduce a la exageración y el derroche.

La esencia de esas fiestas constituye el compartir con las personas que amamos no solo lo material, representado por la comida, bebida y los obsequios, sino principalmente el tiempo y afecto. Por lo tanto, es recomendable considerar lo que realmente necesitaremos para esas fechas y hacer los preparativos con base en esos cálculos.

Si nos dejamos llevar por la presión consumista de esos días, caeremos en el exceso manifestado en el consumo desmedido de alimentos y bebidas que, finalmente, dañan la salud y aquello que debe ser motivo de disfrute se convierte en una causa de malestar, dolor o incomodidad. Además de todo, lo que no se consume en esos días se descompone y termina en el basurero.

Los mensajes publicitarios de esos días nos inducen a gastar, comprar y comprar; prepararnos para comer y beber como si fuese nuestra última comida. Y nos aceleramos y comportamos como si llegase el fin del mundo, no el fin del año viejo.

Podríamos intentar ser más austeros en los preparativos y utilizar los recursos con que contamos para beneficiar a los que poseen menos: llevar un plato de comida, un postre o unos juguetes a una familia que no tiene los recursos para solventarlos hace una gran diferencia en la manera de pasar las fiestas, tanto para el que da como para el que recibe.

Aprovechemos, compremos, disfrutemos, comamos y bebamos, pero… nada con exceso, todo con medida.

¡Felices vacaciones! ¡Felices fiestas!