Sospechó el adivino que algo extraño le ocurría al joven y le pidió la carta del rey. Después de leerla, el adivino escribió otra semejante, ordenando a la reina que casase al joven con la princesa.
El adivino imitó tan bien la letra y la firma del rey que cuando la reina recibió el mensaje, cumplió de inmediato la orden y, al siguiente día, la princesa se casó con el hijo del leñador.
Cuando el rey volvió al palacio y se enteró de lo ocurrido, se enfureció. Pero como ya no había remedio y, además, los recién casados se amaban, llamó a su yerno y le dijo: —Si no me traes tres pelos del diablo, nunca serás mi heredero.
El joven se vio obligado a salir a buscar los tres pelos del diablo y, luego de mucho andar, llegó al pie de un cerro, donde vio una barrera guardada por un hombre que tenía una bandera en la mano.
El joven le preguntó cuál de las cuevas era la del diablo.
—Gustoso te lo diré si me dices por qué estoy aquí condenado a no moverme.
—Para que te pueda contestar esa pregunta, tengo que encontrar la cueva del diablo.
El guardián le dijo que era la tercera de la derecha. El joven halló al diablo durmiendo y le arrancó tres pelos de la barba. El diablo se despertó muy enfadado.
Pero el joven pudo engañar al diablo y así pudo saber que el hombre de la entrada podrá moverse y marcharse cuando le dé su bandera a alguien que llegue a ese lugar.
El joven no necesitó oír más y huyó corriendo del diablo. Al hombre de la entrada le explicó lo que debía hacer y se presentó ante su suegro, el rey, y le entregó los tres pelos del diablo.
El rey, envidioso de la aventura del joven, siguió el mismo camino; pero al llegar al pie de la montaña, el guarda le entregó la bandera diciéndole que la sostuviera mientras le abría. Pero el hombre lo que hizo fue huir, dejando allí al rey, donde todavía continúa purgando sus pecados, mientras que el joven leñador fue proclamado heredero y reinó feliz junto con la bella princesa.
Sobre el libro
Título: El príncipe malo
Editorial: Ediciones Susaeta SA.
