Los volcanes

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Una de las más impresionantes manifestaciones de la naturaleza son las erupciones volcánicas, en las cuales puede apreciarse claramente la fuerza destructiva que la misma puede liberar.

La formación de volcanes se relaciona con la estructura interna de la Tierra y las fuerzas que actúan sobre ella. La energía de los volcanes se manifiesta en la superficie terrestre, pero su origen está en el interior del planeta.

La Tierra está formada por capas internas llamadas corteza, manto y núcleo. La parte consolidada del planeta se denomina litósfera y no está formada por una sola pieza, sino por varios elementos que se mueven sobre otra zona, con materiales líquidos (el manto). Esas piezas se llaman placas litosféricas y se mueven de manera lenta, pero continua y son responsables no solo de la formación de volcanes, sino también de los movimientos sísmicos o terremotos.

Por lo general, los volcanes se forman en la zona de encuentro de dos o más placas litosféricas, aunque también pueden originarse en medio de una placa. Bajo la litósfera, los materiales se hallan en estado líquido, debido a las altísimas presiones y temperaturas que soportan. Por esa razón, ese material fluido, el magma, tiende a subir hacia la superficie, donde la temperatura y presión son menores.

Un volcán es un punto situado en la corteza continental u oceánica a través del cual el magma sale a la superficie, se enfría y se solidifica originando las rocas ígneas. Una vez que esté fuera, el material líquido recibe el nombre de lava. A medida que la lava fluye a partir del cráter, se enfría y se va formando el cono volcánico. En el caso de volcanes submarinos, la cantidad de material emitido puede ser suficiente para formar islas.

En una erupción volcánica no solo se emite lava, sino también gases y materiales sólidos, cuyos tamaños van desde las cenizas hasta bloques de varias toneladas.