Maestros, sembradores de esperanzas

Este artículo tiene 13 años de antigüedad

Cuando un pueblo como el paraguayo está gravemente enfermo de escepticismo porque ha perdido la fe hasta en sí mismo por estar curado de espanto, y está a punto, peligrosamente, de perder también lo último que lo sostiene, que es la esperanza, es cuando necesita urgentemente de su mejor gente, de su reserva humana estratégica que lo ayude a mantener encendida la esperanza y resiembre sus tristes campos de buenos motivos y mejores razones para seguir creyendo.

Uno de los principales grupos humanos que forman esa reserva humana es, sin dudas, el gremio educativo, LOS MAESTROS Y MAESTRAS.

Porque no han de existir aulas del saber en este mundo en las que se torture a niños, niñas y jóvenes hablándoseles solo de las desgracias e inmoralidades, o de otras miserias causadas por las mezquindades de los adultos, sino, al contrario; en todas ellas, siempre habrá educadores y educadoras que tratan y tratarán de inculcar virtudes o los mejores blasones del género humano, de generación en generación.

Porque las escuelas, los colegios y universidades no han sido creados para que desde sus aulas se contagie a las comunidades con cánceres sociales que roben la paz, la alegría, el entusiasmo, la fe y hasta la esperanza, sino que han sido instituidos para velar porque los hombres y las mujeres de este planeta conserven su condición de seres humanos.

Resembrar de fe y esperanzas las empobrecidas calles del país, llenas hoy de inseguridad, de amarguras y de contaminaciones de corrupción por doquier, es la “prioridad uno” de los buenos ciudadanos, en esta hora aciaga.

Todos los beneficios, en un solo lugar Descubrí donde te conviene comprar hoy

Porque sembrar de pesimismos, maldiciones y desesperanzas los hogares, las calles, el éter, las rutas del país, los lugares de trabajo, los clubes y las plazas, es esterilizar las ilusiones ciudadanas, y es también una forma de corrupción que irá minando cual plaga implacable los cimientos mismos de la nación.

El Paraguay necesita más que nunca de ciudadanos creativos, de ciudadanos que sepan reencender el fuego aún escondido entre las cenizas, para levantar de nuevo vuelo y surcar orgulloso, cual ave fénix, en el cielo azul, rumbo a su merecido bienestar.

Los educadores y educadoras deben estar en permanente búsqueda de razones para la esperanza, y si no las encuentran por ningún lado, deben crearlas. Y no es posible crear lo que no existe sin creer que podrá existir.

La esperanza siempre tendrá poder germinativo en nuestro suelo y la podremos ir resembrando cuantas veces sean necesarias.

¡SALUD, MAESTROS Y MAESTRAS PARAGUAYOS!