Los minicuentos o minirrelatos son narraciones excesivamente breves. Gustan a chicos y grandes y, por lo general, no tiene otro propósito más que entretener. Aquí una selección de los más conocidos.
Para lo más pequeñitos
(Populares)
Un ratoncito iba por un descampado y este cuentecito se ha acabado.
Había una vez un pollito inglés, que se fue a Francia y se volvió francés.
Esta es la historia de un saltamontes, que salta y baila y siempre se esconde. ¿Sabes tú dónde?
¿Quieres que te cuente el cuento del ganso? No, porque me canso.
Érase una vez un perrito de grafito con las patas de goma. El perrito se rascó y el cuento se acabó.
Había una vaca que se llamaba Victoria. Se marchó la vaca y se acabó la historia.
En lo alto de una montaña hay una cabra comiendo, levanta la cabeza y dice: ¡Qué gorda me estoy poniendo!
Un ratón mordió a un elefante, el cual lo aplastó al instante. Moraleja: Ratón que muerde a un elefante, le queda poca vida por delante.
Para los más grandecitos
Una pequeña fábula
(Franz Kafka)
¡Ay! dijo el ratón. El mundo se hace cada día más pequeño. Al principio era tan grande que le tenía miedo. Corría y corría y por cierto que me alegraba ver esos muros, a diestra y siniestra, en la distancia. Pero esas paredes se estrechan tan rápido que me encuentro en el último cuarto y ahí en el rincón está la trampa sobre la cual debo pasar.
Todo lo que debes hacer es cambiar de rumbo dijo el gato... y se lo comió.
El espejo chino
(Anónimo)
Un campesino chino se fue a la ciudad para vender la cosecha de arroz y su esposa le pidió que no se olvidase de traerle un peine.
Después de vender su arroz en la ciudad, el campesino se reunió con unos compañeros y lo celebraron largamente. Después, un poco confuso, en el momento de regresar, se acordó de que su mujer le había pedido algo, pero ¿qué era? No lo podía recordar. Entonces compró en una tienda para mujeres lo primero que le llamó la atención: un espejo. Y regresó al pueblo.
Entregó el regalo a su esposa y se marchó a trabajar sus campos. La mujer se miró en el espejo y comenzó a llorar desconsoladamente. La madre le preguntó la razón de aquellas lágrimas.
La mujer le dio el espejo y le dijo:
Mi marido ha traído a otra mujer, joven y hermosa.
La madre cogió el espejo, lo miró y le dijo a su hija:
No tienes de qué preocuparte, es una vieja.