¡Sabia, candorosa filosofía! –pensé-. Del fracaso cruel no recibe desaliento que dure, ni se obstina en volver al goce que perdió; sino que de las mismas condiciones que determinaron el fracaso, toma la ocasión de un nuevo juego, de una nueva idealidad, de nueva belleza…
¡Ah, si en el transcurso de la vida todos imitáramos al niño! ¡Si ante los límites que pone sucesivamente la fatalidad a nuestros propósitos, nuestras esperanzas y nuestros sueños, hiciéramos como él!...
No rompamos torpemente la copa contra las piedras del camino, solo porque haya dejado de sonar. Tal vez la flor reparadora existe. Tal vez está allí cerca…
José Enrique Rodó
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Uruguayo, 1872-1917
