“Orient Express” (adaptación)

Este artículo tiene 19 años de antigüedad

El automóvil era viejo y estropeado, pero potente. A través de una tempestad de nieve marcharon a noventa kilómetros por hora por una carretera que no había sido reparada desde hacía una generación. La suspensión estaba rota y Myatt saltaba de un lado a otro cuando el vehículo se metía por las rodadas y volvía a salir de ellas, jadeando ruidosamente como un ser humano a quien un amo despiadado hiciera trabajar hasta el límite de sus fuerzas. Myatt se inclinó hacia el asiento delantero y a voz en grito, para dominar el ruido del motor, dijo en alemán: