Prejuicios

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Un prejuicio es, como su nombre lo dice, un juicio previo, una opinión previa. Es la formación de una idea sobre alguna cosa, situación o persona de manera anticipada, antes de tiempo y en muchas ocasiones sin tener suficientes argumentos. Una sociedad prejuiciosa potencia la discriminación y genera violencia.

Lee el texto que aparece a continuación y descubre qué lección tan importante quiso enseñarle este padre a sus hijos.

Las cuatro estaciones

Había un hombre que tenía cuatro hijos. Como parte de su educación, él quería que ellos aprendieran a no juzgar a las personas y las cosas tan rápidamente como suele hacerse.

Entonces los envió a cada uno, por turnos, a ver un árbol de peras que estaba a gran distancia de su casa.

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En su país había estaciones, así que el primer hijo fue en invierno; el segundo, en primavera; el tercero, en verano y el cuarto, en otoño.

Cuando todos habían ido y regresado, el padre los llamó y les pidió que describieran lo que habían visto.

El primer hijo dijo que el árbol era horrible, giboso y retorcido, parecía seco y sin vida. El segundo dijo que no, que el árbol estaba cubierto de brotes verdes y lleno de retoños que prometían flores. El tercer hijo no estuvo de acuerdo: él dijo que estaba cargado de flores, que emanaba un aroma muy dulce y se veía hermoso; era el árbol más lleno de gracia que jamás había visto.

El último de los hijos tampoco estuvo de acuerdo con ninguno de ellos. Dijo que el árbol estaba cargado de peras maduras, lleno de savia y bienestar. Como los pájaros acudían al peral para comer de los frutos que se estaban marchitando, todo a su alrededor se llenaba de un exquisito aroma.

Entonces, el padre les explicó a sus hijos que todos tenían la razón, porque ellos solo habían visto una de las estaciones de la vida del árbol. Era el mismo árbol en distintas etapas o momentos de su vida.

Y añadió que por eso no se podía juzgar a una persona por solo ver una de sus temporadas: “La esencia de lo que son los hombres, el placer, la tristeza, el regocijo y el amor que vienen con la vida, solo pueden ser medidas al final, cuando todas las estaciones hayan pasado”.

¿No será por esta razón que nos quedamos con una idea prefijada de una determinada “estación” de una persona, a partir de la cual la juzgamos el resto del tiempo?

¿No será que debemos entender a las personas como móviles y no como estacionarias?

Fuente

Texto extraído del libro: “La culpa es de la vaca” de Jaime Lopera Gutiérrez y Marta Inés Bernal Trujillo