En muchísimas ocasiones, escuchamos que se describe a algún niño como “muy inquieto”, o que “se distrae fácilmente”; y de otro que “no pone atención” o “no estudia lo suficiente”; otro origina el comentario de que “no se concentra”; o incluso expresiones más fuertes como “es muy burro”, “es flojo”, o bien “la maestra no le hace caso”, “la maestra no sabe enseñar”, “es demasiado estricta”, “le tiene mala voluntad” y observaciones por el estilo.
Los padres de los niños que tienen problemas escolares se sienten extremadamente preocupados y desilusionados. Los médicos, terapeutas y maestros saben que hay muchas causas para los fracasos académicos y que uno de los motivos más comunes son los trastornos del aprendizaje. Un niño con un problema en el aprendizaje es, por lo general, muy inteligente, que trata de seguir las instrucciones, de concentrarse y de tener buen comportamiento en la casa y la escuela. Sin embargo, no domina las tareas escolares y comienza a rezagarse.
Algunos de estos niños tienen dificultad para permanecer quietos o prestar atención. La incapacidad para concentrarse o un problema de hiperquinesia (están en movimiento continuo, mueven pies, brazos, cabeza constantemente, se levantan continuamente de su lugar, etc.), o algún tipo de dislexia: dislalia, disgrafia, discalculia... le impiden realizar correctamente ciertas funciones del lenguaje verbal, escrito o matemático y les están provocando un bajo rendimiento escolar.
Recientemente se ha encontrado que la dislexia no es más que un leve “cortocircuito” dentro del cerebro. En los Estados Unidos, se realizaron investigaciones y llegaron a la conclusión de que “la porción del cerebro necesaria para la lectura, no funciona apropiadamente en los niños con dislexia”. Básicamente, los disléxicos tienen problemas para relacionar las palabras escritas y los sonidos.
Se considera que los problemas de aprendizaje son causados por una dificultad del sistema nervioso que afecta la captación, elaboración o comunicación de información. Algunos de estos niños son hiperactivos y distraídos con un lapso de atención corto.
Estos niños pueden ser ayudados, pero si su condición no es detectada y tratada a tiempo, el problema puede aumentar y complicarse rápidamente. Un niño que en la escuela primaria no aprende a sumar, al llegar a la escuela superior no podrá entender álgebra. El niño que trata de aprender con gran esfuerzo se frustrará progresivamente y desarrollará problemas emocionales, como una pobre autoestima, resultado de los fracasos repetidos.
Algunos niños con problemas de aprendizaje pueden presentar también problemas de conducta, ya que prefieren lucir “malos” en vez de “estúpidos o brutos”. Los padres deben conocer las señales que con mayor frecuencia indican problemas de aprendizaje en su niño.
