¿Queremos cambiar?, planifiquemos

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Como habíamos visto, la gestión educativa tiene como fin intervenir en el proceso de logro de los objetivos y se concreta en acciones de planeación, organización, ejecución, evaluación y control.

Toda institución educativa necesita cada día buscar nuevos caminos que permitan su mejoramiento, ya que ella es parte de una sociedad en permanente cambio. Ningún cambio es posible de modo inmediato, ello conlleva preparación, tiempo, análisis, evaluaciones, diagnósticos, es decir, una planificación.

Básicamente, los cambios planificados en educación contemplan dos aspectos: curriculares ―referidos a los planes y programas de estudio, metodologías, materiales didácticos y evaluación de los aprendizajes― y estructurales ―implican los roles y funciones en la organización, tales como relación entre los actores, creación de instancias de apoyo técnico e integración de consejos en el gobierno de la escuela—.

Las escuelas, como organizaciones, exigen que todo cambio o adecuación sea asumido por todos sus miembros, lo que implica una atención especial a la capacitación de los actores para comprender y comprometerse con las acciones articuladas para el cambio.

Desde esta óptica, cualquier innovación en la escuela supone un cambio de mentalidad y, por tanto, de la cultura institucional. Por ello, es preciso analizar las redes comunicacionales, la calidad de la comunicación, las relaciones de autoridad, los grupos de poder y las normas, a fin de ajustarlas para que la innovación tenga éxito.

Dado que en las organizaciones educativas lo esencial es el aprendizaje de los alumnos, y este depende de factores, entre los cuales el ambiente o clima emocional son determinantes, trabajar en la modificación de la cultura institucional se convierte en un imperativo insoslayable.

Es importante tener en cuenta que la planificación tiene sus etapas y actividades, y estas deben ser coordinadas por los directivos, lo que requiere un ordenamiento de tiempos, espacios, recursos y acciones y, sobre todo, implica la aceptación de la heterogeneidad y el ejercicio del liderazgo para lograr el acompañamiento del proceso.

Fuentes

MOSCÓPULOS ARISMENDI, M. (2002). Administración Organizacional Educativa. Antofagasta. Universidad Católica del Norte.

HARF, R y AZZERBONI, D. (2007). Estrategias para la acción directiva. Buenos Aires. Novedades Educativas.