Textos para reflexionar I

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Somos el resultado de lo que aprendimos en nuestros respectivos hogares. También vamos acumulando información de todas las experiencias y enseñanzas que recibimos a lo largo de nuestra vida. Este proceso nos sirve para asentar valores y crear hábitos muy necesarios para participar eficazmente como miembro individual o grupal, en el mundo de las relaciones humanas.

¿Dónde aprendemos los valores?

El aprendizaje de los valores se alcanza en la vida de relación con los demás; constituyen la base del proceso de formación de la persona.

Las personas significativas dejan imborrables huellas en la personalidad de quienes las secundan.

La vida de relación con los demás surge originalmente en el grupo familiar y se amplía, progresivamente, con los demás grupos que conforman la sociedad.

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Los cuatro colectivos que ejercen gran influencia en la formación de nuestros valores son la familia, la escuela, los medios de comunicación y el grupo de los iguales que varían según la edad. Los valores son parte del acervo cultural de nuestros mayores. Es la verdadera herencia que nos legaron nuestros padres, nuestros maestros, o aquellos que influyeron significativamente en nuestras vidas.

Va aquí un ejemplo de cómo los valores humanos se forjan en la familia y rinden sus frutos en el campo personal. El planteamiento está totalmente elaborado, solo tienes que disfrutarlo.

La bella y la bestia

Hans Christian Andersen (1805 – 1875)

Un mercader, antes de partir para un largo viaje de negocios, llamó a sus tres hijas y les preguntó a cada una qué deseaban que les trajese de regalo a su vuelta.

La mayor pidió un vestido de brocado; la segunda, un collar de perlas; en tanto que la más pequeña, la dulce y gentil Bella, le dijo a su padre:

-Me bastará con me traigas una rosa cortada por tus manos.

El mercader partió y, acabados sus asuntos, se dispuso a volver…, pero una tormenta lo pilló desprevenido. Muerto de cansancio y de frío, el mercader vio brillar una luz en medio del bosque. A medida que se acercaba a ella, se dio cuenta de que estaba llegando a un castillo iluminado. Ya a la entrada, se percató de que la puerta estaba entreabierta y que, por más que llamaba y llamaba, nadie acudió a recibirlo. Entró decidido y siguió llamando. En el salón principal había una mesa iluminada con dos candelabros y llena de ricos manjares dispuestos para la cena, la cual se sirvió para saciar la inmensa hambre que sentía.

Después subió al piso superior. En la primera habitación vio una chimenea encendida y también una cama que invitaba al descanso; en ella quedó profundamente dormido.

Al despertar por la mañana, encontró una bandeja servida al lado de la cama. Se aseó y desayunó, después bajó y buscó a quien dar gracias por tanta hospitalidad.

Pero… ¡no encontró a nadie! Se dirigía al jardín en busca de su caballo cuando un hermoso rosal atrajo su atención. Se acordó, entonces, de la promesa hecha a Bella, e inclinándose cortó una rosa.

Inesperadamente, de entre la espesura del rosal, apareció una bestia horrenda que iba vestida con un bellísimo atuendo que, con voz profunda y terrible, le amenazó con matarlo por su falta de consideración. Entonces, el mercader, aterrorizado, se arrodilló ante la fiera y le rogó:

-¡Perdóname la vida! ¡Haré lo que me pidas! ¡La rosa es para mi hija Bella!

La bestia retiró su garra del desventurado y le dijo:

-Te dejaré marchar con la condición de que me traigas a tu hija.

El mercader prometió cumplir su orden. Llegó llorando a su casa, y contó su terrorífica aventura; Bella lo tranquilizó diciendo:

-Padre mío, haré cualquier cosa por ti. ¡LLévame al castillo y me quedaré en tu lugar!

De esta manera, Bella llegó al castillo y la Bestia la acogió de forma muy gentil. Su habitación era la más bonita del castillo y ella se pasaba horas y horas bordando cerca del fuego, compartiendo amenas charlas con la Bestia, hasta que un día esta le propuso que fuese su esposa.

Bella, sorprendida, se quedó muda, pero después reaccionó y le dijo que no estaba preparada aún para darle una respuesta.

-Entiendo, entiendo. No te guardaré rencor por tu negativa – le aseguró la Bestia.

Unos días después, la Bestia le regaló a Bella un bonito espejo de mágico poder. En él podía ver a sus seres queridos y así ya no se sentía tan sola.

En una de esas veces, la Bestia la encontró derramando lágrimas frente al mágico cristal.

-¿Qué sucede? – quiso saber el monstruo.

-¡Mi padre está muy enfermo! ¡Desearía tanto poder verlo por última vez!

A pesar de que no estaba de acuerdo, La Bestia le dijo:

-Si me prometes que a los siete días estarás de vuelta, te dejaré marchar para que puedas ver a tu padre.

Bella partió para asistir a su padre. Era feliz y se olvidó por completo de que los siete días ya habían pasado. Una noche soñó que la Bestia se moría llamándola:

-¡Vuelve conmigo! ¡Vuelve! ¡Vuelve!

Decidió marchar inmediatamente.

Encontró a la Bestia reclinada en un árbol, con los ojos cerrados, como muerta. Bella lo abrazó.

-¡No te mueras! ¡No te mueras! ¡Me casaré contigo! – le suplicó.

Tras estas palabras, aconteció un prodigio: la Bestia se convirtió ¡en un apuesto joven!

-¡Cuánto he esperado este momento! Una bruja maléfica me transformó en un monstruo y solo el amor de una joven que aceptase de buen grado casarse conmigo, tal cual era, podía devolverme mi apariencia normal – le dijo a Bella.

Se celebró la boda, y el joven príncipe quiso que, en honor de Bella y para conmemorar el día tan esperado por él, en aquel jardín se cultivasen solo rosas. He aquí por qué todavía hoy el castillo se llama “El castillo de la Rosa”.

Valoración global

A pesar de su otrora creación, es una historia muy actual. El mensaje de que “la belleza está en el interior”, define que nuestras obras son las que nos caracterizan como personas y no nuestro aspecto.

En esta historia tradicional sin un autor definido, las hermanas de Bella cumplen un papel fundamental: la mayor y la segunda hijas representan la vanidad que es la primera manifestación humana de vida superficial, frente a la bondad, la sencillez, la dulzura y la solidaridad demostradas por Bella, la menor de ellas. El orden secuencial también persigue un valor representativo: las cualidades negativas se extienden con mayor facilidad que las cualidades positivas.

Valor educativo de la narración

. Plantea que la educación es la mejor manera de superar la superficialidad al combatir los no valores a través de la lectura y el análisis de texto con historias ejemplificadoras.

. Fomenta los buenos principios basados en el sacrificio y la bondad (entre otros valores) a través de acciones humanas edificantes.