Una de las grandes vivencias de la vida en pareja es la boda. Cada vez son más los novios creativos que hacen de ella un reflejo de sí mismos, originando una variedad de estas.
- Clásica: tradicional y apegada a la elegancia, no prueba nada diferente ni extravagante. Apela a invitaciones en beige o blanco, cuya tipografía evoca primosos manuscritos. Una chica clásica viste un traje íntegramente blanco, con velo y una cola de, al menos, 2 m. Estos casos, generalmente, son desplegados en complejos para eventos u hoteles. El look y la deco son sencillos y sobrios. Un conjunto de cuerdas interpretando fragmentos clásicos crea un clima calmo en la recepción. Luego, puede sumarse un grupo, cuyo repertorio abarque todo tipo de género musical.
- En la playa: casarse con la refrescante brisa de un rincón soleado, casi con seguridad, es el sueño de muchos. El blanco o los tonos pasteles son inmejorables para el caso, aunque los fuertes, como el amarillo o naranja, también suscitan un entorno ideal. Siendo al aire libre, el código de vestimenta de novios e invitados amerita priorizar la comodidad. A la unión civil o religiosa prosiguen la recepción y sesión de fotos de la pareja e invitados, tras las cuales se sirve la cena, seguida del corte de la torta de boda con una espada.
- Glam: un clásico que convive armónicamente con los alegres años 20, el glamour de los 50 y la irreverencia de los 70. Es un acierto para quienes gustan de la sofisticación y lo despampanante. La novia glam resalta por su seguridad y garbo, distante de lo romántico o tradicional. Lo suyo es el corte entallado con líneas muy marcadas en el escote o la cintura. Las bodas glam suelen ser de noche, sin niños, con la estela cautivante en sitios muy selectos, sea un hotel famoso o un punto histórico, como un convento o palacio algo ostentoso. Del contraste se desprende el color de una boda glamorosa. La composición del blanco con el escarlata, púrpura y negro es de las predilectas, incluso en la torta, preferentemente blanca con rasgos metálicos o tonos confrontados. Además, la vajilla de plata y mantelería blanca, con servilletas y moños en contraste, son imperativos.
- Romántica: con tonos pasteles y muchos buqués. Es para quienes quieren vivir un cuento de hadas, adoran la participación de niños y los signos musicales románticos. Boleros y baladas envolverán en nostalgia la velada; los lentos bailables son imprescindibles. En el traje de una romántica, confeccionado en telas suaves y vaporosas, el encaje en mangas largas o cortas, o en el escote, es ineludible. Una amplia falda insinúa un cariz principesco.
- Minimalista: cándida, moderna y refinada. No busca llamar la atención con adornos recargados. Las novias aman lo monocromático y delicado, y desean lo estrictamente necesario. La sede no debe lucir muy simple. Una iluminación natural, sin reflectores ni luces chocantes, hacen que la fiesta no pierda su encanto, y así, junto con una moderada deco, logra un efecto espacioso y confortable.
Hasta la próxima entrega…
