Asquerosa maniobra de la Policía en muerte de Peralta

La muerte del subcomisario Arístides Dionisio Peralta Villasboa, de 37 años de edad, ocurrida cuando la Policía intervino en un asalto Fernando de la Mora, tiene aún muchas aristas que investigar y muchas interrogantes por ser respondidas.

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Mi impresión personal, que no implica en absoluto que usted tenga que compartirla, amable lector o lectora, es que el comisario Julio César Cabañas López (42), actualmente recluido en la Agrupación Especializada, mató a su colega de manera accidental, al escaparse un disparo de su pistola. Me baso en el video que casi todos vimos, en el que, a mi criterio, Cabañas nunca vio a Peralta, aún cuando este ya había caído detrás de él, al ser alcanzado por las esquirlas de un proyectil que impactó contra la pared.

La primera impericia que yo atribuiría a Cabañas es no haber sacado el dedo del gatillo de su arma luego de interrumpir su ritmo de disparos consecutivos. Pero también es cierto que es muy cómodo opinar desde un teclado, bajo aire acondicionado, 11 días después de que este atravesara por momentos críticos de estrés y adrenalina al quedar envuelto en una balacera.

Hasta ahí sostengo que la muerte de Peralta fue un desgraciado accidente. Si en realidad fue Cabañas, tendrá que pagar. Si fue otro policía, también.

Ahora bien, lo que ocurrió después me pareció bajo, sucio, ruin y asqueroso. Me refiero al hecho de que la propia Policía Nacional haya querido inicialmente mentir sobre las circunstancias, maquillar la situación, encubrir la fatal negligencia y, finalmente, hasta alterar la escena del crimen limpiando las evidencias que quedaron. Esto último fue confirmado por la propia Fiscalía.

Cuando Arístides Peralta egresó como oficial de Policía, en diciembre de 2002, seguramente ni se imaginaba que su propia institución incurriría en semejante bajeza y deslealtad. Peralta murió en acto de servicio y su familia se merece la verdad de lo que pasó.

La viuda de Peralta denunció que el propio viceministro de Asuntos Internos, Hugo Sosa Pasmor, le mintió descaradamente en la cara al tratar de convencerla de que el subcomisario fue ultimado por los asaltantes. Si ese video del tiroteo no salía a luz, tal vez ella se quedaba con esa impresión equivocada y el propio Gobierno se habría salido con la suya.

La conducta inicial del comisario Julio Cabañas, creo yo, se podría haber calificado como homicidio culposo, siempre y cuando la ciencia confirme su responsabilidad.

Pero lo que él y otros oficiales superiores hicieron después, negar, mentir y limpiar la escena del crimen para no quedar pegados a la investigación, sí me parecen suficientes elementos para una imputación por homicidio doloso o al menos por frustración de la persecución y ejecución penal.

Ahora les queda una dura batalla a la esposa y a los tres hijos menores de Peralta. Pero confío en que todo se aclarará y que los culpables directos e indirectos pagarán por sus actos, porque la verdad siempre sale a luz, tarde o temprano.

ileguizamon@abc.com.py