Proceso de paz con el EPP

Por primera vez en toda la historia de la República, y también durante el gobierno de Horacio Cartes, hay cinco secuestros simultáneos en el Norte del país.

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Hasta antes de este caso, hubo dos ocasiones en las que el país soportó cuatro secuestros simultáneos, primero con los casos del policía Edelio Morínigo Florenciano, el menonita Abrahán Fehr Banman, el otro menonita Franz Wiebe Boschman y el ganadero Félix Urbieta Ramírez.

Luego de la liberación de Franz, ocurrida el 25 de febrero de este año, el Paraguay se quedó “solo” con tres secuestrados.

Pero desde el 21 de agosto pasado, con la captura del también menonita Franz Hiebert Wieler, otra vez tenemos cuatro personas en cautiverio, y desde el viernes último la cifra subió a cinco personas en cautiverio.

Qué diferencia hay con aquella época en la que todos los días se llevaban a cabo masivas movilizaciones en reclamo de la liberación de personas con apellidos importantes. Pero ahora que todas las víctimas son humildes y sin tanto rótulo, ya casi nadie hace o dice nada, por lo menos en la capital, que anteriormente se inundaba con lazos blancos como símbolo de paz. El paraguayo tiene la memoria frágil y el corazón de piedra. De eso estoy más que seguro.

La Fuerza de Tarea Conjunta (FTC), bloque creado hace cuatro años y conformado principalmente por militares y policías, tampoco fue la solución que queríamos para la sufrida zona norte del Paraguay.

Muy por el contrario, la FTC provocó más violencia, ya que el grupo criminal Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) duplicó sus acciones desde la movilización de los uniformados.

Entonces, es obvio que por la vía de las armas tampoco podremos acabar con el EPP. Sorprendentemente, 1.200 hombres de la FTC no pueden dar con 20 “gatos locos” del EPP, que a su vez se esconden en los montes y tienen como “trofeo” a cuatro sacrificados trabajadores que cada día son reclamados por sus familias.

El discurso oficialista de que hay que combatir a los secuestradores con presencia del Estado y políticas sociales también ya va quedando desfasado, debido a que cuatro años de Gobierno fueron suficientes para establecer una marcada diferencia, la que obviamente no se percibe en el Norte.

En 20 años, el EPP perpetró 120 golpes, aunque más de la mitad de esos ataques se produjeron desde que Horacio Cartes ganó las elecciones, es decir, hace solo cuatro años.

Lo mismo pasa si revisamos las estadísticas del EPP. Antes de Cartes, los criminales del Norte habían cometido cuatro secuestros. Durante el actual periodo presidencial ocurrieron otros siete plagios.

Antes de Cartes, el EPP mató a 14 civiles y 9 policías. Con Cartes en el poder, el EPP asesinó a 20 civiles, 9 policías y 11 militares.

Entonces, ante estos datos irrefutables y contundentes, surge el siguiente planteamiento: ¿Y si cambiamos la estrategia?

El ministro de la Corte Suprema de Justicia, Miguel Óscar Bajac, había sugerido recientemente un diálogo con el EPP, en el marco de un proceso de paz, similar al que sellaron en Colombia el Gobierno y las FARC, que era la guerrilla más antigua del mundo.

Salvando las distancias, habría que empezar a pensar en otras salidas al conflicto armado en el Norte del Paraguay. 

No digo que perdonemos al EPP todos sus crímenes y hagamos como que nada pasó, porque las 63 personas asesinadas y sus respectivas familias merecen justicia.

Pero ya es hora de hacer algo más que solamente gastar un millón de dólares al mes en la FTC, bloque que acumula cada vez más fracasos.

El Gobierno de Horacio Cartes, primero, debería reconocer que fue el más afectado por la violencia del EPP y no intentar justificarse cada vez que ocurren golpes de la banda armada.

Después, debería encarar de manera decidida un eventual acercamiento con los criminales, por el bien de todos. 

Qué conviene más: hacernos los duros y seguir lamentando la pérdida de vidas inocentes o plantearnos una solución definitiva.

Es evidente. La FTC no va a poder contra el EPP. Solo con un golpe de suerte podría ser desarticulada la banda armada, pero esa suerte parece eludir siempre a las fuerzas de seguridad.

La fusión de la Policía Nacional con las Fuerzas Armadas solo acarrea más problemas. Si ni siquiera pueden trabajar juntos, cómo es posible que pretendan combatir al EPP.

Así como Colombia resignó muchas cosas al iniciar un acercamiento con las FARC, Paraguay tendrá que hacer lo mismo, no queda de otra.

Seguramente se tendrán que cometer algunas injusticias o se tendrá que perdonar lo imperdonable, pero ya no podemos seguir así. 

El EPP está cada vez más fuerte, y el Gobierno cada vez más débil.

ileguizamon@abc.com.py

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