Ya no respetan los códigos

La muerte del capo Jorge Rafaat Toumani, ocurrida hace un año y dos meses en un atentado sin precedentes en Pedro Juan Caballero, no solo descabezó a la principal estructura de tráfico de drogas y armas en la frontera paraguayo-brasileña, sino que además desató una feroz disputa entre las facciones secundarias por quedarse con el monopolio de los negocios ilícitos.

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Pero, por sobre todo, la muerte de Jorge Rafaat Toumani, quien era el último gran “patrón” de la frontera, recrudeció la violencia entre los clanes en disputa, que incluso perdieron los códigos que antes tanto se respetaban entre los mafiosos.

Por ejemplo, en la época del “padrino” Fahd Yamil o durante el “reinado” de Rafaat estaba prácticamente prohibido matar a mujeres, niños o a inocentes que nada tenían que ver en la “guerra”.

Si un bando atacaba a otro y mataba por error a una criatura o a una mujer inocentes, casi con seguridad todos los otros grupos criminales que permanecían neutrales se aseguraban de que los responsables pagaran con sus vidas, a modo de ejemplo de que los códigos sí se respetaban. Incluso, estaba vedado matar a otro narco si es que estaba con su hijo en brazos.

Un ejemplo de lo “estrictos” que eran los bandidos fronterizos se dio en el año 2001 cuando el entonces jefe de Orden y Seguridad del departamento de Amambay, comisario principal Mariano Meneleo Figueredo, fue asesinado frente a su esposa y sus tres hijos.

El responsable de aquel crimen así como toda su banda fueron exterminados poco después, no precisamente por haberse atrevido a matar a un jefe policial, sino porque lo hicieron frente a la familia de la víctima.

Después, ya casi nunca se produjeron muertes por error entre narcos, pero si hubo algunos hechos específicos, a la larga los autores sufrieron las mismas consecuencias que el caso del comisario Figueredo.

Sin embargo, después de la muerte de Rafaat la mafia recayó en ese tipo de “inconductas”, como matar a inocentes, por ejemplo el niño de cinco años que resultó destrozado por las balas de un fusil el miércoles último en Asunción, pese a que el verdadero objetivo de los matones era su padre, quien al final se quitó la vida al ver a su pequeño muerto en la camioneta.

Entonces, se puede pensar que los clanes que actualmente se disputan el poder mafioso no tienen siquiera códigos para enfrentarse entre sí, ya que provocan muertes inocentes y, peor aún, de criaturas. Según investigadores del Gobierno, los grupos en disputa son los liderados supuestamente por el recluido Jarvis Chimenes Pavão y los prófugos Clemencio “Gringo” González y Ronaldo Rodrigo Benites, alias “Galán”.

Y aquí está lo interesante de esto. Todos están relacionados entre sí y, a la vez, conectados con este último atentado en el que falleció el niño. Es que “Gringo” era el dueño de la estancia ahora llamada Cristo Rey, en Pedro Juan Caballero, que dio origen al nombre de la empresa Grupo Cristo Rey, que figura como propietaria de la camioneta acribillada en Asunción. Entonces, se puede sospechar que “Gringo” es el dueño de la empresa Grupo Cristo Rey SA.

Sin embargo, hay versiones de que “Gringo” fue despojado de sus bienes por el grupo de Jarvis Chimenes Pavão, quien sería el verdadero propietario de este grupo empresarial. Coincidentemente, Jarvis era permanentemente visitado por el pedrojuanino muerto con su pequeño hijo, por lo que se presume que el objetivo de los sicarios era un hombre de confianza de Pavão.

Y el tal “Galán”, de quien supuestamente el Gobierno nada sabe, sería, a su vez, otro poderoso capo, del mismo kilaje o incluso más que el propio Pavão. Se dice que “Galán” mandó matar a Rafaat para quedarse como jefe de la frontera.

¿“Galán” qué tiene que ver con el último atentado, entonces? Y resulta que dos meses antes la Policía había allanado la casa donde vivían el pedrojuanino asesinado con su hijo, en busca del tal “Galán”.

Ahora, solo queda saber quién ordenó este cobarde crimen en Asunción.

ileguizamon@abc.com.py